En la entrada anterior vimos cinco factores que caracterizan a los buenos profesores, matices aparte. Ahora seguimos con las cinco restantes. Es preciso observar que no todas las dimensiones señaladas tienen el mismo impacto ni importancia. La lectura del informe completo es más que recomendable.

6. Administrar la conducta de los alumnos

Curiosamente, esta dimensión no fue tan significativa como el conocimiento de la materia y la instrucción en el aula, como un factor que contribuye al éxito del maestro. Sin embargo, la gestión del aula - incluyendo lo bien que un maestro hace uso de las horas de clase, coordina los recursos del aula y gestiona el comportamiento de los estudiantes - se señaló como importante. Se podría añadir aquí que cuando el aprendizaje es activo y el espacio del aula se convierte en un espacio de discusión, trabajo en equipo, producción, etc., los problemas de conducta cambian de manera sustancial. Pretender que los alumnos estén meramente escuchando durante horas cada día es una quimera (además de una pérdida de tiempo). ¿Seríamos acaso capaces de hacerlo los profesores?

7. No hay evidencia de que el agrupamiento funcione

Poner a los estudiantes en grupos en función de su capacidad influye poco en su aprendizaje (sobre este punto ver mis entradas sobre agrupamiento en el blog, pues esto no se cumple en el caso de los más capaces, que sí se benefician notablemente). A pesar de que el agrupamiento puede, en teoría, permitir que los maestros trabajen a un ritmo que se adapte a todos los alumnos y acomodar el contenido, también puede crear un sentido exagerado, en la mente del profesor, de que en un grupo dado todos los alumnos son iguales. Esto puede dar lugar a que los maestros no se acomoden adecuadamente a las diversas necesidades dentro de un grupo y, en algunos casos, ir demasiado rápido con los grupos de alta capacidad y demasiado lento con los bajos. Me gustaría añadir, por lo señalado, que el problema seguro que no está tanto en el agrupamiento como en lo que hacemos con los alumnos agrupados.

8. No te preocupes mucho por los estilos de aprendizaje

Un estudio mostró que más del 90% de los profesores piensan que las personas aprenden mejor cuando reciben información en su estilo de aprendizaje preferido. Pero a pesar de la popularidad de este enfoque, la evidencia psicológica muestra que no hay pruebas de que esto funciona en realidad.
Este es un asunto al que le dedicaré algunas entradas cuando sea el momento. Se puede leer más acerca de la evidencia sobre los estilos de aprendizaje aquí.

9. El aprendizaje debe ser difícil al principio

Un hallazgo que puede sorprender es que los enfoques que parecen hacer el aprendizaje más difícil al principio pueden, de hecho, conducir a los estudiantes a que retengan más información a largo plazo. Elizabeth Ligon Bjork, profesora de la Universidad de Michigan y Robert Bjork, profesor de la Universidad de California, señalaron que el variar el tipo de tareas que se le piden a los alumnos que hagan, mejora la retención a pesar de que hace que el aprendizaje más difícil al principio.

10. Construir relaciones con los colegas y los padres

El comportamiento profesional de un profesor, incluyendo el apoyo a colegas y hablar con los padres, también tuvo un impacto moderado sobre el aprendizaje de los estudiantes. El informe dice que no puede haber un vínculo directo con estas prácticas y logros de los estudiantes, pero para abordar una amplia definición de la buena enseñanza deben ser incluidos.



Seguro que no es todo, seguro que cuando Albert Einstein decía aquello de que: "No todo lo que puede ser medido importa y no todo lo importante puede ser medido", tenía bastante razón. Pero es cierto que merece la pena echar un ojo a la investigación y apreciar que hay evidencias que hacen polvo aquello de que "cada maestrillo tenga su librillo". Tenemos que convertir la actividad educativa en una profesión tan basada en evidencias como la Medicina o la Ingeniería...; bueno salvando las diferencias y el hecho, no menor, del carácter situacional y contextual de la relación educativa, tan esquiva en ocasiones a la acción verificadora de la ciencia.

Hace no mucho tiempo The Guardian se hizo eco de un informe muy interesante que he logrado encontrar y que incluyo más abajo. Se refiere a la respuesta a la vieja pregunta: ¿qué hace al buen profesor?, ¿al profesor eficaz?

La verdad es que se trata de una pregunta que no tiene una respuesta simple, pues depende del profesor, del contexto, de la cultura, de tantas variables... Pero, ¿alguna respuesta habrá? Del mismo modo que tiene que haberla si preguntamos por lo que caracteriza a un buen médico, a un buen piloto o a un buen carpintero o mecánico de automóviles. Más aún si aceptamos que, como señalara el informe Mackinsey, ningún sistema es mejor que sus profesores...

El Suton Trust ha publicado el informe que incluyo más abajo, pero que sintetizo en esta y en la siguiente entrada. Cinco puntos en cada una, que se pueden ver desarrollados en el informe. Y es que va a resultar que sí, que los buenos profesores tienen en común algunas características, aunque luego cada uno las integre según su personal modo de ser, pues solo faltaba. En esta entrada me referiré a las cinco primeras, las otras cinco la semana que viene.

1. Conocer la materia

El informe, que analizó más de 200 trabajos de investigación, se encontró que había seis elementos principales en todo gran profesor y una de las más importantes fue el conocimiento de la materia. Puede parecer obvio, pero el informe revela que los mejores maestros tienen un profundo conocimiento del contenido que enseñan, y si eso no se da en un buen grado, tiene un "impacto significativo" en el aprendizaje de los estudiantes. Una ayuda en este campo para los profesores que les da una comprensión de determinadas zonas donde su conocimiento es débil, podría ser eficaz.

2. La alabanza puede hacer más daño que bien

El tipo equivocado de elogio puede ser perjudicial para los estudiantes, según el informe. Una serie de estudios realizados por expertos en educación, incluyendo la profesora Carol Dweck de psicología en la Universidad de Stanford y los profesores de la Universidad de Auckland John Hattie y Helen Timperley, han observado esto. Deborah Stipek, decano de la Stanford Graduate School of Education, señaló que el elogio es para alentar, pero que en realidad puede "transmitir las bajas expectativas de un maestro hacia su alumno". Stipek señaló que un alumno que recibe simpatía en lugar de reprobación, es más propenso a pensar que lo que había hecho mal habrá sido debido a su falta de capacidad. Sobre este aspecto sugiero consultar el documento de la APA cuya edición española realicé a finales del año pasado, en el que se  recoge investigación sobre este punto. Puede accederse desde aquí.

3. Calidad de la Instrucción 

La calidad de la enseñanza tiene un gran impacto en el rendimiento de los estudiantes sobre todo de familias más pobres; el saber preguntar y evaluar de manera eficaz están también en el corazón de una gran enseñanza. Esto implica dar suficiente tiempo a los niños para practicar nuevas habilidades e ir introduciéndolos progresivamente en el aprendizaje. La definición de lo que sea una enseñanza eficaz no es fácil, el informe así lo reconoce, pero la investigación siempre nos devuelve al hecho de que el progreso del estudiante es el criterio con el que la calidad del maestro debe ser evaluada.

4. Las creencias de los maestros cuentan

Las razones por las que los maestros hacen ciertas cosas en el aula y lo que esperan lograr tiene un efecto sobre el progreso del estudiante. Mike Askew, el autor de Maestros de Aritmética Eficaces, se encontró que las creencias sobre la naturaleza de las Matemáticas y lo que significa para entenderlo, junto con las ideas de los profesores sobre cómo aprenden los niños y su papel en ese proceso, fue un factor importante en su eficacia. La evidencia para apoyar esto no es concluyente, sin embargo. Un estudio realizado por el profesor Steve Higgins de la Universidad de Durham y la Universidad de Newcastle upon Tyne, David Moseley, sobre las creencias del profesorado en TIC no se encontró una relación convincente entre las creencias y el progreso del alumno.

5. Piensa acerca de las relaciones entre profesores y estudiantes

Esto también puede parecer obvio, pero las interacciones que tienen los profesores con los estudiantes tienen un gran impacto en el aprendizaje, así como el "clima de la clase". El informe señaló que era importante para crear un ambiente de clase en el que se estaba "constantemente exigiendo más", al tiempo que refuerza la autoestima de los estudiantes. El éxito de un estudiante debe ser imputado principalmente al esfuerzo en lugar de a la capacidad.






Hace unos días dicté una conferencia en el seminario de doctorado de mi universidad, para cerrar el año académico, aceptando la amable invitación del profesor Francisco Segado. En esta clase reflexiono sobre lo que yo entiendo que son algunos de los ejes de la investigación actual aplicada a la educación, el aprendizaje en el siglo XXI, sobre un nuevo modelo de escuela, y otro enfoque del proceso de enseñanza-aprendizaje, etc.

Me parece que es evidente la tendencia hacia un sistema educativo centrado en el desarrollo del talento, en el aprendizaje, en el alumno que aprende, más que en la enseñanza o el profesor, algo en lo que nos va mucho. Espero que os resulte de interés.



Hace unas fechas hablaba de este tema en un  entrada en la que incluía un infográfico sobre la nueva realidad que nos viene. La puedes ver aquí.

Hoy os añado otra infografía elaborada originalmente por foundry10.org  y que amablemente me han autorizado a compartir en castellano con vosotros.

No hay mucho que comentar, simplemente hay que 'ir uniendo los puntos' porque algo se está tejiendo. Pronto lo veremos y, una vez más lo diré, la escuela no puede quedarse al margen, o que se impliquen solo unos pocos 'frikies', mientras los demás observan cómo se pasa el tren.

Un nuevo aprendizaje viene exigido por un nuevo mundo que nos rodea y que ya no es solo real, también es virtual. ¿O no?



En el último número de la revista Educación 3.0, cuya lectura os recomiendo vivamente, pues incluye siempre temas del máximo interés para la escuela y la educación, aparece una entrevista que  me hicieron y que os incluyo más abajo, después de haberlo acordado así con la revista, para no interferir en su publicación. En ella hablo de temas que nos interesan a todos... espero.



Hace unas pocas fechas el profesor José Antonio Marina impartió una lección online en mi Universidad (UNIR), dentro del foro de gestión y liderazgo público. Ayer la estuve viendo con calma, pues no pude hacerlo en día del evento, y me pareció de mucho interés para este blog.

Desde un territorio aparentemente lejano al nuestro hace una distinción entre inteligencia o capacidad y talento que viene a coincidir con uno de los modelos tratados aquí y que goza de amplia aceptación en la comunidad científica educativa y psicológica. Me refiero naturalmente al Modelo Diferenciado de Dotación y Talento de Françoys Gagné, que en el monográfico de la Revista de Educación del que fui editor invitado con Steven Pfeiffer, amplía a lo que ha denominado Modelo Comprehensivo de Desarrollo del Talento, en el que incluye los fundamentos biológicos del mismo, haciendo referencia al itinerario que va desde el genotipo, el endo y exofenotipo hasta las capacidades naturales. Puede descargarse una versión bilingüe del artículo desde este enlace.

Es interesante ver las coincidencias, pero más aún las implicaciones. En efecto, el talento está después de la educación o con la educación y la materia prima son las capacidades naturales, que no innatas.

Este es otro aspecto que enlaza con la epigenética, pues la separación entre las bases genéticas de las capacidades innatas y las capacidades naturales, hay un proceso de desarrollo no sistemático, pero un proceso, en el que las circunstancias personales y ambientales actúan como catalizadores... Te incluyo la figura por si quieres estudiarla.


En fin, os recomiendo la lectura del artículo de Gagné y que veáis el vídeo que incluyo en esta entrada. Al final decidme si no es cierto el lema de este blog: "el talento que no se cultiva...". Dicho en otros términos, el talento no es una capacidad natural, es el resultado de aplicar las capacidades naturales (no dejéis de lado la parte genética que nos lleva a lo innato) a un campo de la actividad humana convirtiéndolas, de manera sistemática, en competencias.

Las consecuencias para el sistema educativo son inmediatas. Es preciso promover la equidad facilitando que cada alumno, cada estudiante, despliegue todo su potencial y llegue tan lejos como le sea posible. Lo que es trágico es tratar a todos del mismo modo, como si todos fueran iguales. Recordad lo que decía Eisner: "la escuela está para promover la equidad, no la igualdad". La "buena noticia" es que no estamos necesariamente determinados por nuestra genética, es posible crear las condiciones que mejoren nuestras potencialidades y aminoren las debilidades. Todo ello naturalmente, nunca mejor dicho, dentro de unos límites. También se sigue cumpliendo aquello de que "quod natura non dat Salmatica non praestat", pero quizá con menor determinismo de lo que pensábamos, y sin llegar a señalar que la práctica deliberada lo puede todo, porque a la vista está que no es así.

También enlaza esto bien con aquella cita de Treffinger y Feldhusen (1996): "Los talentos emergen y crecen evolutivamente, y para algunos no llegan a emerger porque no se produce una adecuada estimulación en la escuela y la familia. Es imperativo que todos los que trabajan con jóvenes vean los talentos y potencialidades como algo educable y emergente, y no como algo fijo e inmutable".

No me alargo más. El enfoque del profesor Marina, ajustado a lo que la ciencia moderna propone, me trae a la memoria, desde un ámbito lejano a la genética, lo que decía el catedrático de metafísica de la Universidad Complutente, Antonio Millán Puelles: "Somos libres, luego no todo está hecho; pero somos, luego no todo está por hacer...".


La tecnología no da tregua, es más que evidente. La aceleración del mundo actual tiene mucho que ver, entiendo yo, con el progreso y desarrollos tecnológicos. Si lo visto hasta ahora ha producido, aunque no siempre, un cierto impacto en el sistema educativo y la concepción del aprendizaje, asuntos de los que hemos hablado aquí reiteradamente, la revolución que está en las puertas dejará pequeño todo lo dicho hasta ahora.

Las aplicaciones educativas de la realidad virtual y de la realidad aumentada son enormes y permitirá todavía con más eficacia, ofrecer experiencias que por su distancia temporal o espacial con el aprendiz rara vez, o solo algunos en ciertas ocasiones, podrían experimentar. En efecto, visitar unas ruinas y poder superponer a las mismas la arquitectura de hace siglos, recrear batallas que definieron el desarrollo del mundo, visitar "imersivamente" la barrera de coral de Australia o desarrollar un experimento de laboratorio sin riesgo, o explorar una molécula de ADN en el espacio (holograma) y tantos otros ejemplos que se podrían poner, harán palidecer cualquier aspecto actual de la innovación educativa.

Las posibilidades para un aprendizaje distinto, más profundo y conectado y, naturalmente, personalizado están cada vez más cerca y con una dimensión que no alcanzamos aún a comprender bien. Lo que sí parece claro es que permitirá, como digo tantas veces, que cada persona llegue tan lejos, tan rápido y con tanta profundidad como su capacidad le permita, haciendo real el desarrollo de su talento.

Os dejo este infográfico desarrollado por selfstorage.com que he traducido para introducir este tema que, con seguridad, será objeto de muchas entradas en el futuro inmediato.
 

Uno de los enfoques más interesantes de la investigación educativa es el que proporcionan los estudios longitudinales, estrategia que no es muy frecuente en general, en particular en el campo de las altas capacidades.

Con frecuencia se establecen diferencias entre términos como capacidad, precocidad, talento, y otros, que tienen un sentido académico y teórico importante, pero perversas consecuencias educativas, porque lleva a los legisladores o a los orientadores a establecer categorías de personas perfectamente (pero equivocadamente) etiquetadas, de manera que su posible atención educativa queda sancionada de por vida.

Un ejemplo, ¿quién ha dicho que la precocidad no debe ser atendida educativamente? Pues muchos piensan que porque determinados fenómenos madurativos no culminan hasta cierta edad, no puede hablarse de quién es o no es... (ya me entendéis). Cuando lo que hay que hacer educativamente hablando -y tal como dicta el sentido común- es atender a las necesidades o a la necesidad educativa cuando se presenta y durante el tipo que sea preciso. Pero no, aquí los académicos escriben, con acierto muchas veces, y los demás los interpretan como les parece y surge entonces el paradigmático CI 130, por ejemplo. Admirable y trágico a la vez. No hay un solo científico relevante que admita semejante asunto.

Quiero ofreceros unos datos de un trabajo que acaba de publicarse en EE.UU. que viene a confirmar lo que ya se había establecido por el estudio longitudinal más importante y amplio del mundo en el campo de las altas capacidades: el SMPY del que ya hablé muchas veces, pues es el modelo (y estudio) comenzado por Stanley en los primeros 70 que yo apliqué en España durante años . Puedes ver más de una decena de entradas desde este enlace. Si estás interesado en este aspecto, en el próximo número de Anales de Psicología "New horizons in the study of high ability: Gifted and Talented, Vol, 32(3) publico un trabajo de síntesis sobre la aplicación de este modelo en España.

Stanley y sus colaboradores siempre señalaron que una de las características principales de los niños más capaces era su precocidad y su velocidad de aprendizaje y conforme a ello habrían de disponerse las medidas educativas oportunas tanto dentro como fuera de la escuela. CTY, como todos sabéis, lo viene haciendo desde aquellos años en su campus de verano y a través de su programa de enseñanza online y hay otras muchas iniciativas similares que ahora no son del caso.

Quiero en esta entrada ofreceros dos referencias de investigación que vienen a poner de manifiesto la importancia de las medidas fuera de nivel para determinar el mejor modo de intervenir educativamente. Como ya señalé en algún momento, los alumnos que están en el percentil 99 (1 % superior) difieren entre si severamente, incluso dentro de ese percentil. Así, en un estudio de Lubinski y sus colaboradores ya se hacía un seguimiento de un amplia muestra de estudiantes altamente capaces (top 1 en 10.000) y se analizaban las trayectorias profesionales de los que se situaban en el 99.25 y los que estaban en el 99.75 o superior. Todos extraordinarios, como se puede suponer, pero claramente diferentes, más allá de lo que se podría pensar, lo que hace claramente indicado el sistema de evaluación "out of level". Puedes verlo aquí.

Ahora se acaba de publicar otro trabajo, en la revista Psychological Science, que lleva por título: "When Lightning Strikes Twice. Profoundly Gifted, Profoundly Accomplished", cuyos autores son Makel, Harrison, Lubinski, Putallaz y Benbow, pertenecientes al Educational Testing Service, a Duke University y a Vanderbilt University. Tres instituciones no menores científicamente hablando.

Te reproduzco aquí el resumen del trabajo:

"Los logros educativos, de ocupación profesional y creativos de los participantes profundamente dotados (CI ⩾ 160) en el Estudio de los Jóvenes Matemáticamente Precoces (SMPY) son impresionantes, pero ¿son representativos de jóvenes igualmente capaces de 12 años de edad? El Programa de Identificación de Talento de la Universidad de Duke (TIP) identificó 259 adolescentes jóvenes con igual capacidad. A los 40 años, sus logros en la vida también fueron extraordinarios. El 37% había obtenido el doctorado, el 7,5% había alcanzado la titularidad académica (4,3% en universidades de investigación), y el 9% habían registrado alguna patente; muchos eran líderes de alto nivel en organizaciones grandes. Como fue el caso de la muestra del SMPY estudiada antes, las diferencias de capacidad predijeron sus trayectorias de desarrollo, aunque prácticamente todos los participantes poseían capacidades de razonamiento matemático y verbal muy superiores a los estudiantes típicos de doctorado. Los individuos, aunque sean profundamente dotados, procuran hacer aquéllo en lo que son mejores. Las diferencias en los patrones de capacidad, al igual que las diferencias de intereses, guían el desarrollo a lo largo de diferentes caminos, pero el nivel de capacidad, junto con el compromiso,  determina los logros y el grado en el que los mismos se producen si se presenta la oportunidad".

Pues no es cuestión de opiniones. La investigación viene poniendo de manifiesto desde hace décadas que es imprescindible identificar tempranamente las necesidades educativas de los escolares para atenderlas de modo conveniente. No hacerlo perjudica seriamente su desarrollo y, claro, como siempre, a los que tienen menos recursos. Por otra parte, se pone de manifiesto el valor predictivo de las puntuaciones de capacidad verbal y cuantitativa, típicos indicadores del modelo del SMPY (o CTY) que muchas universidades han incorporado y que, como dije en otra entrada, no es un modelo americano.

Es cierto que el desarrollo del talento es el resultado de un complejo engranaje, como ilustra la imagen de la cabecera de esta entada, en el que intervienen múltiples factores, pero no lo es menos que "el talento que no se cultiva se pierde".

Claro que a lo peor a muchos eso de los doctores y las patentes o la creatividad y el liderazgo empresarial, les importan poco... o nada.

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