¿Sociedad de la información o del conocimiento?

Aprender cualquier cosa, en cualquier momento, en cualquier lugar




“¿Dónde está la sabiduría que se nos ha perdido entre el conocimiento?
¿Dónde está el conocimiento que se nos ha perdido entre la información?” 
C.S. Lewis

Rescato y adapto, de un escrito mío de hace años, unas ideas que me parecen de actualidad y que enlazan con un acontecimiento que ha tenido lugar en Nueva York hace unos días y del que hablaré en otro post: el lanzamiento por parte de Apple de iTunes U.

Pudiera parecer que el hablar de la Sociedad del Conocimiento es algo moderno o nuevo, pero no es así. Hace varios lustros que se viene empleando esta expresión que paulatinamente ha reemplazado a la de Sociedad de la Información, ciertamente menos importante desde el punto de vista educativo. Y es que la distinción entre ambas expresiones no es baladí. En efecto, la información es externa, mientras que el conocimiento es interno; la información es, en el mejor de los casos, objetiva, mientras que el conocimiento es subjetivo. La información puede carecer de sentido para una persona concreta, el conocimiento no, porque es propio. El conocimiento surge cuando la persona es capaz de atribuir significado a la información. Precisamente una de las tareas de la educación será transformar la información en conocimiento.

Pero la educación en la Sociedad del Conocimiento exige diversos cambios de capital importancia para el sistema educativo. Señalaré brevemente 4 de los principales.

1. En primer lugar es precisa una redefinición del aprendizaje. Aprender ya no es ‘saber cosas’ sino saber gestionar la información, saber plantearse nuevos problemas y nuevos modos de resolverlos, es aprender a tomar decisiones sobre el propio trabajo. Lo que cuenta ahora es, como señalara la Declaración de Royaumont del Club de Roma, “aprender a no saber”, pero paradójicamente, aprender a no saber es una tarea que requiere saber mucho, pero significativamente.

2. Una redefinición de la enseñanza es otra de las exigencias de la Sociedad del Conocimiento. Como señalamos hace algún tiempo (Cf. Tourón y cols. 1991), la tarea de los profesores en esta sociedad tan cambiante no es precisamente “responder al último producto del cambio, sino enseñar a los alumnos a saber acomodarse a él”.

Ahora lo importante ya no es qué se enseña sino cómo se enseña. La importancia reside en lo que se aprende, no en lo que se enseña. Lo que interesa no es enseñar sino aprender, transferir el protagonismo de la actividad al alumno, que es quien debe hacer suya la información y transformarla en conocimiento significativo y funcional para él. Ya no se trata de transmitir contenidos, que por otra parte estarán desfasados en poco tiempo, sino de fomentar hábitos intelectuales. Aquí reside una de las claves y el mayor de los retos del sistema educativo en una sociedad en la que los resultados fáciles a corto plazo priman sobre cualquier otra consideración.

3. El tercero de los cambios, consecuencia de los dos anteriores, tiene que ver con los nuevos roles que profesor y alumno tienen que asumir.  Es perfectamente conocida la resistencia del sistema educativo al cambio. Baste analizar, por ejemplo, los métodos de enseñanza en la Universidad, tan iguales a la lectio de las escuelas monacales y catedralicias como antes de haberse inventado la imprenta.

Es necesario que el profesor mude su papel de actor al de orientador, de expositor de conocimientos al de asesor, transfiriendo al alumno el protagonismo que, por otra parte sólo él tiene; el alumno es el aprendiz, aunque no es tan seguro que siempre aprenda, como le ocurre al profesor. Lograr una implicación personal a través de la acción es uno de los retos de la educación moderna, que va mucho más allá de la profusión de medios tecnológicos, como a veces puerilmente se piensa. Para saber lo que queremos hacer, tenemos que hacer lo que queremos saber, podríamos decir recordando aquélla máxima, tan actual, del estagirita. El alumno debe pasar de espectador a protagonista, de sujeto paciente a sujeto agente.

La implantación decidida y la integración cabal de las nuevas tecnologías pueden hacer posible esta aparente utopía, pero no porque facilitan el rápido acceso a la información y la hacen asequible; esto siendo mucho, es poco. La importancia de la nuevas tecnologías reside a mi juicio en dos aspectos básicos: la diferente función que adquieren en el proceso de enseñanza-aprendizaje profesor y alumno, permitiendo un desarrollo de capacidades diferentes, tanto para unos como para otros y en que el tratamiento de la información ya no es lineal  y permite estructuraciones diversas.

4. Por eso la clave ahora es una educación que fomente hábitos intelectuales (sociedad del conocimiento), en lugar de la mera transmisión de conocimientos (sociedad de la información). Lo importante no es lo sabido, sino el saber. “Lo descriptivo cederá la primera posición a lo metodológico. Lo formativo tendrá mayor relevancia que lo informativo. El objetivo focal será una intensa y amplia preparación intelectual: aprender a pensar con rigor, hondura y creatividad” (Llano, A., 1994).

Todo esto debería de conducirnos a una escuela que promoviese óptimos para todos los escolares. Desde luego la promoción activa y decidida del talento de nuestros jóvenes más capaces.

     
Referencias
Llano, A. (1994). Discurso de apertura del curso académico 1994-95. Pamplona: Universidad de Navarra.
Tourón, J.; Altarejos, F. y Repáraz, Ch. (1991). "Los roles del profesor y del alumno en la enseñanza universitaria". En VV.AA."La Pedagogía Universitaria: Un repte a l'Ensenyament Superior". Barcelona: Divisió de Ciences de L'Educació. Universidad de Barcelona.

2 comentarios:

  1. Hola Javier,

    Enhorabuena por tu blog. Soy docente e investigador en formación, muy interesado en la mutación de la "educación" hacia la "gestión del talento".

    Me gustaría plantearte algunas cuestiones:

    - En el nuevo paradigma que planteas, ¿en qué lugar queda la "transmisión de una cultura general o básica" que hasta ahora viene realizando la escuela e incluso la universidad? ¿No es momento de "destronar" ese concepto?

    - Además de la transformación del docente de "transmisor" a "orientador" ¿Adquiere un nuevo papel relevante la "tutorización entre pares" o la "coevaluación"?

    Saludos y gracias por la atención, Marcos

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  2. Muchas gracias.
    Cultura es un término complejo y abarca muchas dimensiones. Cada uno de los estamentos que planteas tienen su función, sin olvidar la familia que es clave en la conservación y difusión de los valores y las tradiciones.
    Lo que ocurre es que las fronteras se ensanchan debido al acceso a la información tan facilitado.
    Ahora más que nunca será necesario fomentar la capacidad critica que ayude a discernir.
    En todo esto los iguales también tienen un papel importante. La formación se da en un contexto en el que los pares también tienen una gran importancia.
    Saludos

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