26 de julio de 2013

¿Es efectivo el modelo de Flipped Classroom? Algunas experiencias en la Universidad (8)

Cualquier innovación educativa que se pretenda implantar en la escuela debe ofrecer evidencias de su bondad, preferiblemente evidencias cuantitativas, de cómo y qué aspectos del proceso o del producto se ven mejorados como consecuencia, razonablemente plausible, de su implantación. La enseñanza invertida, de la que vengo tratando en las últimas semanas es muy reciente, pero ya ofrece resultados bastante nítidos de sus efectos en la implicación y mejora del aprendizaje de los alumnos.

El pasado Marzo Kelly Walsh, en su blog EmergingEdTech, ofrecía una serie de resultados sobre tres experiencias en universidades norteamericanas. El artículo original se titula Gathering Evidence that Flipping the Classroom can Enhance Learning Outcomes.

Ciertamente la capacidad probatoria de una serie de casos es cuestionable desde un punto de vista científico, siempre se podría argumentar que se trata de resultados 'locales', pero el problema de la generalización es complejo en educación, quizá habría que hablar, como sugiriera el profesor García Hoz, de "analogación" en lugar de generalización. Y sí que estamos empezando a tener resultados análogos en los efectos de la aplicación de este modelo de aprendizaje.

Imagen tomada de aspireblog.org
El primero de los estudios se refiere a la Universidad estatal de San José (resultados publicados en el Chronicle). El objetivo de la implantación  de este modelo era incrementar el rendimiento de los alumnos en un curso particularmente difícil. Los estudiantes tenían que ver vídeos elaborados por el MIT (Massachusetts Institute of Technology), fuera del tiempo de clase, mientras el  tiempo de la clase era ocupado en discusiones sobre el contenido.

Los primeros resultados apuntan a un incremento en las puntuaciones de los tests de rendimiento. 
El curso versaba sobre Ingeniería electrónica y circuitos que, históricamente, tenía una tasa de éxito tan solo del 40%. Los alumnos trabajaron con materiales desarrollados dentro del proyecto edX, centrado en el desarrollo de MOOCs y que llevan a cabo el MIT, Harvard, Berkeley y la University of Texas en Austin.


La experiencia consistió en establecer dos grupos, uno de ellos de 85 alumnos que veían los vídeos en tiempo fuera de la clase y dedicaban ésta (dos veces por semana) a discusiones y profundización en el contenido del material estudiado; el otro siguió una estrategia convencional.


Los resultados mostraron superioridad en los tests por parte de los alumnos de la flipped class. Obtuvieron una mediana 10-11 puntos superior a la del grupo convencional.


Otro estudio sobre el modelo fue llevado a cabo en un curso de Física en la Universidad de Vanderbilt (Vanderbilt University ‘Center for Teaching’ Web Site). En el mismo se compararon dos secciones, con un gran número de alumnos en cada una, a las que durante 11 semanas se les enseñó a través de métodos de clase interactivos, sin que se mostraran diferencias significativas antes del experimento.


La inversión se produjo en la semana 12, en la que una sección recibió el nuevo material antes de la clase a través de lecturas y exámenes breves, de manera que las clases se podían dedicar a la discusión en pequeños grupos, el uso de clickers y respuestas escritas. A la sección que actuaba como control se les pedía que leyesen los mismos materiales y realizaran las mismas evaluaciones, pero sin énfasis alguno en la realización de ejercicios o actividades durante la clase.


Los resultados fueron los siguientes: al final de la primera semana experimental, los estudiantes realizaron una prueba de opción múltiple obteniéndose una media para el grupo de control de 41 y de 71 para el grupo experimental, lo que supone un tamaño del efecto de 2.5 desviaciones típicas (una diferencia muy notable).

Durante el experimento, la implicación de los estudiantes (medida por observadores entrenados) se incrementó desde un 45 a un 85% en el grupo experimental, pero no cambió en el de control.


Si bien este experimento se realizó durante un espacio de tiempo corto, la magnitud de  las diferencias habla por sí sola sobre el impacto de la enseñanza invertida.


Un tercer estudio refiere a una tesis doctoral sobre el rendimiento de los alumnos y el estrés, realizada por Cara A. Marlowe, MONTANA STATE UNIVERSITY.

En esta investigación se estudió el efecto de la clase invertida y la diferenciación asociada para medir el impacto en el rendimiento estudiantil y en los niveles de estrés de los alumnos. Durante el segundo semestre de su último año, los estudiantes observaron video conferencias fuera de la clase y las tareas fueron realizadas durante la misma.

Los estudiantes manifestaron tener menor estrés en este tipo de clase comparado con otras tradicionales. Por otra parte, el uso de la diferenciación y el estudio independiente tuvo éxito. Las puntuaciones en los tests difirieron significativamente entre un semestre y otro, observándose en la mayoría de los estudiantes un incremento medio de tres puntos por semestre.

Existen ya algunas publicaciones o libros blancos sobre los resultados de la enseñanza inversa. En el próximo post os hablaré de ellos.

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