Tributo a Paco Amoretti, maestro y amigo





¡Un buen maestro... y amigo, te puede cambiar la vida!

Era un sábado, debía de ser a mediados o finales de Junio del año 1976 cuando visité, un poco por curiosidad y un mucho por compromiso, a un señor burgalés que estaba organizando el desarrollo del colegio Panxón, en la localidad de ese nombre, perteneciente al Instituto Social de la Marina. Un edificio imponente anexo al Templo Votivo del Mar. Ambos del arquitecto Palacios autor, entre otros edificios emblemáticos, del que siempre hemos llamado de Telefónica, en la madrileña plaza de Cibeles. No nos conocíamos, solo sabíamos de nuestra existencia por un amigo común.


Él dice que recuerda incluso como iba yo vestido en aquel encuentro. Primera nota de buen maestro: la observación. Tuvimos una larga conversación sobre diversos temas educativos que, he de confesar, tenían escaso interés para mí que me dedicaba a la biología pesquera y estaba a punto de salir hacia Cascais (Lisboa) para participar en una reunión internacional de pesca (probablemente de la NEAFC).

Recuerdo que visitamos el colegio de "quilla a perilla", por usar una expresión náutica que viene al caso. Me impresionaron, supongo, la limpieza y sobriedad del edificio, los laboratorios, el entorno. Esto último era conocido para mí como navegante desde la niñez, pues la bahía de Bayona es uno de los lugares con más encanto del sur de Galicia. Hay quien dice incluso que Bayona es bonita porque está enfrente de Panxón.


"En educación hace falta gente a la que le guste la investigación"; "se puede investigar mucho sobre cómo enseñar mejor"; "lo más importante es, sin embargo, querer a los niños";"la enseñanza en el laboratorio es muy importante para que aprendan haciendo". Estas frases y otras similares estaban en su "mensaje". La verdad es que yo me enteraba a medias, probablemente no me enteraba de nada... para ser sinceros. Mi cabeza estaba en otras cosas.

Sin embargo mantengo, aún hoy, muy viva la imagen de su entusiasmo, su paciencia y su enorme respeto por un "jovenzano" de pantalón blanco que había hecho allí una parada antes de irse a la playa. No me pareció que quisiera convencerme de nada (incauto de mí), pero con su entusiasmo y amor por la enseñanza (y naturalmente por la educación) me estaba mostrando un mundo del que yo no tenía más experiencia que la de haber sido alumno en una escuela de pueblo años atrás. ¡Qué importante es el amor a lo que uno hace! Sin pretenderlo, me estaba "clavando un rejón de muerte" con su mensaje.

Me habló de "la educación personalizada", de "la relevancia de la tutoría", de "lo importante que es la evaluación", de "conocer a las familias de los alumnos", de "estar siempre ahí dispuestos a orientar, aconsejar, acompañar", de "saber qué les preocupa a nuestros alumnos", de "adelantarnos a sus problemas".

Un detalle importante de aquel proyecto, que me iba desgranando mientras visitábamos las instalaciones del centro, es que se daba importancia a las actividades extraescolares (no se si se había inventado entonces la palabra) y de la posibilidad de hacer un club de vela... Uhmm, esto me gusta, pensé. Además, "ten en cuenta que muchos de estos niños son huérfanos del mar y nos necesitan especialmente, muchas veces seremos sus padres y sus madres". Me parece que aquello fue la puntilla. Desde muy niño he convivido, en el más estricto sentido del término, con las gentes de la mar: he jugado de niño, navegado, pescado, comido, aprendido gallego, con ellos . La costa y sus gentes, particularmente sus pescadores de bajura y de altura también (¡aquel viaje a Terranova...!), forman una parte importante de mi vida.

Nos despedimos cordialmente. Creo que no le causé buena impresión, pero ¿a mí qué?, yo me iba a Lisboa a lo mío.



Pasaron unas semanas en las que no dejé de pensar en aquel proyecto, a pesar incluso de estar dedicado a otros menesteres. "Investigación", "vela", "huérfanos del mar", "laboratorios", "entusiasmo", "amor al trabajo bien hecho...". ¿Hacía falta más para convencer incluso a un despistado biólogo pesquero? Y pasados unos meses decidí, no sin cavilar de lo lindo, incorporarme al colegio, abandonando para siempre la biología pesquera, que no el mar. Todo un panorama nuevo por delante. Hoy, 38 años después, estoy persuadido de que hice lo mejor. Lo volvería a hacer sin ninguna duda.

Aquella re-orientación profesional trajo, con los años, otras más profundas y, a partir de 1979, comencé mi verdadera vocación oculta, que no podría haberse realizado sin aquel encuentro previo con la enseñanza de manos de un maestro: mi trabajo como profesor e investigador sobre la educación en la Universidad, en la que estoy desde hace 34 años.

Qué fácil y qué difícil. Y todo se deriva de un encuentro aparentemente fortuito con un burgalés enamorado de la enseñanza, maestro, como siempre le gustó considerarse, que me esperaba a la vuelta de la esquina, sin yo saberlo. Él tampoco lo sabía.

Así se teje la vida, como una sucesión de causas que se encadenan de manera aparentemente azarosa. Solo aparentemente. Y de aquí la importancia que este breve relato tiene para mí y espero que para Paco también. Desde luego, con los años uno atisba mejor aquello de que "cómo hagamos las cosas dependen muchas otras que habrán de venir después".

Si aquel día soleado de Junio hace 38 años yo no me hubiese encontrado con un verdadero maestro, que luego fue y sigue siendo mi amigo, mi vida habría sido otra.

Decía mi padre que "de bien nacido es ser agradecido", por eso ahora que los años se amontonan y la salud se deteriora y uno puede tener sensación de que no ha hecho todo lo que hubiese querido, me ha parecido un buen momento para rendir homenaje al maestro y al amigo.

5 comentarios:

  1. Javier, aparte de ser un grandisimo profesional, con este articulo me demuestras que tienes un lado humano generoso y agradecido realmente excepcional. Gran post lleno de detalles y cariño. Que suerte tenemos los que nos hemos encontrado a grandes personas en nuestra vida que - a veces sin darnos cuenta - marcaran el rumbo de nuestra mejor vida. Gracias, Roland

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  2. Que post! que dos personas tan grandes. Javi y Paco, sin vosotros no seriamos lo que somos ahora... Eternamente agradecidos!

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  3. Gracias Javier por tus bonitas palabras sobre nuestro padre y maestro. Así es... él vive y vivirá para siempre en muchos corazones... Dónde sin duda ha dejado huella...
    Me enorgullecen tus palabras y el cariño con las que las escribes.
    Sin duda alguna hizo buen fichaje contigo...
    Gracias de verdad!!!! Sé que éstos recuerdo de cariño y admiración a él le han encantado...
    Una de sus semillas q esperan crecer y hacer tanto bien como él ha sabido hacer...

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  4. Bueno, creo que "el Tío Paco", nos ha marcado a todos...un ser especial sin duda.
    Hay muchas enseñanzas que guardo de mi tío y después de los años las valoro todavía más...
    Verónica Sánchez Amoretti

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  5. Las gracias hay que dárselas a él porque, como dije, de hacer las cosas como se espera de nosotros, dependen muchas otras que se realizarán o no. Él hizo lo suyo, mostrar con entusiasmo el amor a su trabajo, yo "pasaba por allí". La verdad es que no tan despistado como parecía, a juzgar por lo que vino después.
    Saludos a todos los familiares y amigos de Paco.

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