14 de febrero de 2014

¿Cómo mejorar el aprendizaje de mis alumnos? El diseño de instrucción de Robert Gagné te puede ayudar

Enseñar no es tarea fácil, nunca lo ha sido, pero lo que es más difícil es encontrar profesores que acepten que lo importante no es la enseñanza sino el aprendizaje. No importa lo que enseñes, importa lo que ellos aprendan. Más aún, lo único que importa es lo que los alumnos aprenden, ya que es lo único que van a obtener para sí del proceso. ¿Qué importa que yo enseñe esto o lo otro si aquellos a los que me dirijo no lo aprenden? Y es que para enseñar no basta con decir cosas sobre una tarima. Enseñar es una acción que comienza en mí, pero debe terminar en el otro, la tarea de enseñar no tiene la finalidad en sí misma, sino en el aprendizaje de mis alumnos. Los expertos en diseño de instrucción nos ayudan a pensar en cómo disponer ciertos elementos para favorecer el aprendizaje de los otros, de aquéllos que tienen que asumir su propia responsabilidad en una tarea que solo ellos pueden llevar a cabo porque es inheretemente personal.

Sin entrar en demasiadas disquisiciones, baste decir que el diseño de instrucción es la práctica de crear experiencias de enseñanza que hacen que la adquisición de conocimientos y habilidades sea más eficiente, eficaz y atractiva. El proceso consiste, en líneas generales, en determinar el estado y necesidades del alumno actual, definir el objetivo final de la instrucción y crear un proceso de "intervención" que ayude en la transición desde el estado inicial al estado final deseado. Un autor especialmente relevante entre las docenas que han trabajado, a fondo, el diseño de instrucción es Robert Gagné cuyo modelo plasmó en un famoso libro titulado Conditions of Learnig.

El diseño de instrucción de Robert Gagné enumera los nueve eventos del proceso que, según este autor, están relacionados con el acto de aprender. "La instrucción se compone de un conjunto de eventos que son externos al que aprende y que se diseña para apoyar los procesos internos del aprendizaje" (Gagne, Wager, Golas y Keller, 2005).

Estos nueve eventos, a los que añado algunos comentarios personales, son los siguientes:

1. Conseguir la atención de nuestros estudiantes. El profesor o persona que está tratando de favorecer un determinado aprendizaje debería responder a la pregunta: ¿cómo estoy consiguiendo la atención de mis estudiantes?

2. Comunicarles los objetivos. ¿Cómo informamos a los aprendices de los objetivos que deben lograr? No es infrecuente que los objetivos  se los guarden para sí los profesores y no los comuniquen de manera efectiva a sus alumnos, siendo así que son las metas de aprendizaje para ellos, no para el profesor.

3. Determinar los conocimientos previos. Esto se corresponde con lo que Bloom llamaba cognitive entry behaviors y que se relaciona también con el modelo DT-PI en su fase de comprobar lo que los alumnos ya saben, un compañero de viaje del optimal match. Los profesores rara vez determinamos si los alumnos saben ya lo que vamos a explicar, o bien si saben lo que es necesario para poder aprender nuevas cosas o abordar la siguiente tarea. Tan simple como hacer una evaluación inicial

4. Presentar el material o los materiales con los que habrán de trabajar de manera atractiva y estimulante. ¿Cómo presentamos el material para favorecer la máxima retención?

5. Guiar y facilitar el aprendizaje. ¿Qué hacemos para facilitar el aprendizaje de los alumnos y que conecten los diversos conceptos o procesos con los que trabajan? La atención personalizada es esencial, como ya he destacado reiteradas veces. Hoy en día es posible gracias a los programas adaptativos, las plataformas y el software que se ha desarrollado en múltiples lugares. Puede verse un extraordinario ejemplo en este vídeo de Fishtree:


6. Poner de manifiesto lo aprendido (la práctica). ¿Cómo comprobamos la comprensión de los alumnos de lo que están aprendiendo? Esto se sustancia llevando a cabo tareas o actividades que muestran el rendimiento de lo aprendido y su comprensión, particularmente con actividades de aplicación.

7. El feedback o retroalimentación. ¿Cuándo y cómo ofrecemos re-orientación al alumno? Esta es una etapa esencial en la que ayudamos a los aprendices a ver por qué aciertan o se equivocan, o realizan una tarea como se espera de ellos (de acuerdo con los objetivos de aprendizaje) o no. Hay que superar la obsesión por el mero juicio sumativo, utilizando un feedback pobre que solo señale los errores. ¿Qué futuro le esperaría a un tenista cuyo entrenador solo le dijese 'ese revés está mal' y no le explicase cómo ejecutarlo bien? Es uno de los elementos más críticos en el proceso de aprendizaje y de los que tienen un efecto mayor en el rendimiento, siempre que sea adaptado al estudiante y lo más cercano posible a la tarea. Sobre este punto hay centenares de estudios que muestran su eficacia.

8. Tiempo de evaluar y mostrar lo aprendido. Aunque no parece necesario decirlo, la evaluación es nuclear en el proceso de aprendizaje y llevarla a cabo de manera adecuada es esencial. Pero no hay un modo único de hacerlo. Es más, deberíamos llevarla a cabo permitiendo que se pudiera mostrar el dominio de los objetivos de maneras diversas, de acuerdo con las condiciones de los aprendices. No todos los modos de evaluación convienen de igual forma a todos los estudiantes. No olvidemos que lo que importa es comprobar el dominio de los objetivos, no el procedimiento.

9. Mejorar la retención y la recuperación de la información. Este es un último evento de gran interés que los profesores deben plantearse. ¿Qué hacemos para mejorar ambos aspectos?

¿Te animas a aplicar estos nueve eventos a una unidad de instrucción y ver su efecto?

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6 comentarios:

DeFormador dijo...

Muy buenas;

Llama la atención la brevedad del comentario al punto 4, aunque es de esperar por ser quizá el paso sobre el que la mayoría de los diseñadores de formación estamos siempre más inseguros. La variabilidad de intereses de los alumnos de un mismo grupo hace que nunca sepamos cuál es el enfoque con más probabilidades de tener éxito (y hemos perdido pie desde que va quedando claro que los estilos de aprendizaje son un mito). Quizá la clave está en partir de lo que interesa al alumno y abrir el abanico a partir de ahí, pero muchas veces esa diversificación del interés no se produce. ¿Esto es un fracaso o es simplemente un hecho que hay que aceptar, y dirigir por tanto el núcleo de la educación hacia las preferencias que se van revelando, podando las que sobran?

Saludos,

David G.

Javier Touron dijo...

Llevas mucha razón. También me pregunté: ¿aquí qué digo sin hacer una tesis?
Quizá buscar la máxima participación y enlace con el mundo real sean buena cosa,,pero lo mejor sería que el contenido lo buscasen ellos a partir de unas pistas.
Al final me parece que les hacemos demasiado el trabajo.
Ahora estamos ensayando con un modelo inverso. Que parece tener posibilidades.
Sobre los estilos de aprendizaje voy a publicar algo pronto que va en la línea de los que dices...
Gracias.

DeFormador dijo...

Hacerles demasiado el trabajo es consecuencia, creo, del miedo que tenemos a hacérselo demasiado poco. Teóricamente las personas somos exploradores natos, así que podríamos confiar en eso para dejar unas pocas pistas como dices, cruzar los dedos y esperar que todo salga bien. Pero en la práctica siempre acabamos dándolo más masticado de lo que nos gustaría, por si las moscas.
Ahora me pica la curiosidad con ese modelo inverso...
Gracias por mantener tu blog, no siempre coincido totalmente con lo que dices pero siempre me hace reflexionar.

Saludos,

David Gutiérrez.

Javier Touron dijo...

Gracias David. Aprecio tus observaciones. Por otra parte es normal que discrepes... Respecto a lo que confiamos en los alumnos no puedo estar más de acuerdo, pero he de decirte que este año he probado a dejarlos hacer por sí mismos y me he quedado pasmado de su creatividad y buen hacer. Los alumnos nos sorprenden muchas veces... Confesión de viejo profesor.

Juan Carlos López Garzón dijo...

Algunos docentes han dado con la clave: enseñan lo que los alumnos quieren aprender. A partir de preguntas inteligentes, los chavales van despertando su curiosidad, y acaban trabajando sobre lo que verdaderamente les interesa. Y aparece la pedagogía de la fascinación (http://menosesmas2011.blogspot.com.es/p/pedagogia-de-la-fascinacion.html). Las enseñanzas mínimas son eso, mínimas y dan mucha libertad para ello. A partir del próximo curso, con nuestros infames administradores educativos, los maestros no tendrán otro remedio que preparar a sus alumnos para aprobar los innumerables y estúpidos examenes rancios que les van a a poner. Con lo que la mecanización de la enseñanza volverá a ganar puntos.

Juan Carlos López Garzón dijo...
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