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	<title>Fortalezas del corazón archivos - JAVIER TOURÓN</title>
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	<description>Porque el talento que no se cultiva se pierde.</description>
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	<title>Fortalezas del corazón archivos - JAVIER TOURÓN</title>
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		<title>Promover la inteligencia social, esa gran olvidada</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Javier Tourón]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 06 Feb 2026 16:27:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Alta Capacidad Características]]></category>
		<category><![CDATA[Otros]]></category>
		<category><![CDATA[Talento]]></category>
		<category><![CDATA[Fortalezas del corazón]]></category>
		<category><![CDATA[Steven I. PFEIFFER]]></category>
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					<description><![CDATA[El desarrollo del talento no puede entenderse únicamente en términos de capacidad intelectual, rendimiento académico o lo que el propio autor denomina fortalezas de la cabeza, sino que exige atender de forma sistemática a las dimensiones socioemocionales, relacionales y de carácter —las fortalezas del corazón— que condicionan de manera decisiva las trayectorias de desarrollo, bienestar y logro a largo plazo.

Esta cuestión adquiere una especial relevancia en el ámbito de las altas capacidades, donde son frecuentes los perfiles de desarrollo asincrónico, las dificultades en la adaptación social y emocional y, en no pocos casos, respuestas educativas insuficientes o excesivamente centradas en el rendimiento. El texto que ofrezco a continuación invita a una reflexión fundamentada sobre la necesidad de promover enfoques educativos que atiendan al alumno en su totalidad, integrando el desarrollo cognitivo y el desarrollo socioemocional como dimensiones inseparables de una educación de calidad.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p class="wp-block-paragraph">Por deferencia de mi amigo y colega <strong>Steven I. Pfeiffer</strong>, comparto con los lectores de este blog el presente artículo, que considero de especial relevancia para el análisis riguroso del desarrollo del talento y la atención educativa al alumnado con altas capacidades.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A lo largo de su obra, Pfeiffer ha defendido de manera consistente un enfoque integrador del talento, apoyado en la evidencia empírica y en una amplia experiencia clínica e investigadora. Desde esta perspectiva, el desarrollo del talento no puede entenderse únicamente en términos de capacidad intelectual, rendimiento académico o lo que el propio autor denomina <em>fortalezas de la cabeza</em>, sino que exige atender de forma sistemática a las dimensiones socioemocionales, relacionales y de carácter —las <em>fortalezas del corazón</em>— que condicionan de manera decisiva las trayectorias de desarrollo, bienestar y logro a largo plazo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta cuestión adquiere una especial relevancia en el ámbito de las altas capacidades, donde son frecuentes los perfiles de desarrollo asincrónico, las dificultades en la adaptación social y emocional y, en no pocos casos, respuestas educativas insuficientes o excesivamente centradas en el rendimiento. El texto que ofrezco a continuación invita a una reflexión fundamentada sobre la necesidad de promover enfoques educativos que atiendan al alumno en su totalidad, integrando el desarrollo cognitivo y el desarrollo socioemocional como dimensiones inseparables de una educación de calidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Confío en que este artículo resulte de interés y utilidad para docentes, orientadores, investigadores y familias comprometidas con una comprensión profunda y no reduccionista del desarrollo del talento.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<h2 class="wp-block-heading has-text-align-center">Promover la inteligencia social</h2>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><em>(Surfeando las olas de Nazaré, Portugal)</em></p>



<p class="has-text-align-center wp-block-paragraph"><strong>Steven I. Pfeiffer</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Con frecuencia se me invita a comentar los desarrollos recientes o los nuevos enfoques en el ámbito de las altas capacidades, desde que introduje por primera vez mi <strong>modelo tripartito de la dotación académica</strong> hace ya más de doce años (Pfeiffer, 2013, 2015). A lo largo de mi carrera he observado con gran interés la progresiva maduración de los campos de la educación de alumnos con alta capacidad, la pericia, la evaluación de la inteligencia y el desarrollo del talento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En primer lugar, hoy existe un amplio consenso entre los especialistas en que los niños con altas capacidades aprenden a un ritmo más rápido y con mayor profundidad y complejidad que sus compañeros considerados “neurotípicos”. Pude constatarlo de primera mano durante mi etapa como director del programa de verano para alumnos con alta capacidad de la Universidad de Duke. Los estudiantes con altas capacidades, especialmente cuando el contenido despierta su interés, pueden llegar literalmente a asimilar grandes cantidades de material académico complejo a una velocidad asombrosa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La segunda idea clave es que el talento de un niño o niña puede manifestarse en un único dominio específico —como las matemáticas, la música, la escritura creativa, la danza, el teatro o incluso el deporte— o bien en múltiples dominios. No existe una regla general aplicable a todos los casos. Algunos estudiantes altamente capaces y creativos muestran una precocidad notable en un ámbito muy delimitado, mientras que otros poseen múltiples talentos que sorprenden a compañeros, docentes y familias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Una tercera observación es que, por muy precoz o avanzado que sea el talento de un niño, <strong>su desarrollo y cultivo resultan casi siempre necesarios</strong> para que pueda alcanzar su máximo potencial. El conocido principio de que “no hay atajos” encaja bien con esta idea. Incluso los niños muy capaces —por ejemplo, aquellos que obtienen puntuaciones en el extremo superior de las pruebas de inteligencia— necesitan esforzarse de manera sostenida para alcanzar los niveles más altos de sus dones innatos. Pensemos en figuras emblemáticas del deporte como Michael Jordan, Kobe Bryant, Michael Phelps o Tiger Woods, considerados entre los mejores atletas de sus respectivas disciplinas. Estos deportistas de élite entrenaron con una intensidad excepcional para perfeccionar y afinar un conjunto de habilidades extraordinarias.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La cuarta observación es la siguiente: no solo los seres humanos presentamos una enorme diversidad de talentos y capacidades —limitada únicamente por aquello que la sociedad considera relevante o digno de reconocimiento—, sino que <strong>el grado de talento varía enormemente entre dominios</strong> (Pfeiffer, 2024b). Esta idea me recuerda un viaje reciente que realicé junto a mi esposa al pintoresco puerto de Nazaré, en Portugal, famoso por sus impresionantes olas gigantes para el surf. Solo un reducido grupo de surfistas expertos se atreve a desafiar estas olas colosales, que superan los 25 metros de altura. Cada día, cientos de visitantes acuden a observar la destreza y el valor necesarios para que unos pocos surfistas excepcionalmente dotados consigan dominar con éxito estas olas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En el ámbito de las altas capacidades, muchos profesionales tienden a considerar como criterio mínimo una puntuación situada dos desviaciones típicas por encima de la media —es decir, aproximadamente el 2–5 % superior de la población escolar—. No existe una ciencia exacta que permita fijar con precisión el umbral que separa a los alumnos con altas capacidades de los que no lo son. No obstante, incluso dentro de ese selecto grupo del 2–5 % superior, se observa una <strong>gran variabilidad en los niveles de capacidad</strong>. Para ilustrar esta idea recurro nuevamente al mundo del surf. Muy pocos surfistas, a nivel mundial, son capaces de deslizarse con soltura y seguridad sobre olas de más de tres o cuatro metros. El grupo de surfistas que logra surfear olas superiores a tres metros podría considerarse, sin duda, un grupo de surfistas con talento excepcional. Sin embargo, existe un subgrupo aún más selecto de surfistas de élite capaces de dominar olas de entre cinco y diez metros de altura. Finalmente, solo un puñado de surfistas profesionales de talla mundial se atreve a enfrentarse a las gigantescas olas de Nazaré.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En todos los ámbitos humanos existe un amplio rango de capacidades, incluso entre los individuos más competentes. Solo unos pocos alcanzan los niveles más altos de distinción o eminencia en cualquier campo, ya sea el deporte, la ciencia, la empresa, la educación o las profesiones liberales, incluida la psicología clínica.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La quinta observación, difícilmente cuestionable, es que <strong>un número considerable de niños y jóvenes con altas capacidades</strong> —aunque carecemos de datos precisos para establecer cifras exactas— experimenta una elevada sensibilidad emocional y una intensa reactividad afectiva, junto con un desarrollo asincrónico, dificultades en las relaciones con iguales y un conflicto interno derivado de sentirse diferentes y de tener intereses distintos a los de sus compañeros. Todo ello contribuye a una condición incómoda de “caso atípico”. Asimismo, muchos estudiantes con alta capacidad se sienten aburridos en aulas que no están adecuadamente preparadas para responder a sus necesidades intelectuales y académicas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi motivación para escribir un libro dirigido a la crianza de niños con altas capacidades resilientes y exitosos (Pfeiffer, 2024b) surgió del hecho de que un número significativo de estudiantes muy brillantes presenta comportamientos socioemocionales peculiares, habilidades sociales deficitarias y un bajo nivel de inteligencia emocional. En mi experiencia profesional internacional, he constatado que con demasiada frecuencia las familias centran su atención exclusivamente en las <strong>fortalezas cognitivas</strong>, descuidando las <strong>fortalezas socioemocionales</strong> de sus hijos (Pfeiffer, 2024a, 2024b, 2024c). Entre estas se incluyen la perseverancia, la tolerancia a la frustración, la amabilidad, la humildad, el juicio social adecuado y la empatía (Pfeiffer, 2017; Shaughnessy, 2023, 2024; Zeidner y Matthews, 2017).</p>



<p class="wp-block-paragraph">En <em>Parenting from the Heart: Raising Resilient and Successful Smart Kids</em> (2024), subrayo la importancia de que las familias adopten estrategias concretas para promover estas fortalezas socioemocionales. Asimismo, en un número monográfico reciente de <em>Gifted Education International</em> (2024a), diversos especialistas abordan enfoques basados en la evidencia para fomentar la resiliencia, las emociones positivas, la implicación, el optimismo, la gratitud, la honestidad, el trabajo en equipo y la responsabilidad social en estudiantes con altas capacidades (Pfeiffer, 2024c). En conjunto, estos trabajos defienden un enfoque de <strong>educación integral</strong>, centrado en el desarrollo del alumno en su totalidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Existe actualmente una literatura científica sólida y en expansión que ofrece intervenciones prácticas, de bajo coste y fácilmente integrables en el currículo, con efectos positivos a largo plazo tanto en el desarrollo socioemocional como en los resultados académicos de los estudiantes con altas capacidades. Promover estas dimensiones constituye una línea de trabajo especialmente prometedora para educadores y responsables de las políticas educativas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Agradezco al lector su atención y confío en que las ideas y recursos aquí expuestos resulten útiles en los ámbitos de la educación, la psicología y la toma de decisiones educativas y sociales.</p>



<hr class="wp-block-separator has-alpha-channel-opacity"/>



<h3 class="wp-block-heading">Referencias</h3>



<p class="wp-block-paragraph">Pfeiffer, S. I. (2013). <em>Serving the gifted</em>. Nueva York: Routledge.<br>Pfeiffer, S. I. (2015). <em>Essentials of gifted assessment</em>. Hoboken, NJ: Wiley.<br>Pfeiffer, S. I. (2017). Success in the classroom and in life: Focusing on strengths of the head and strengths of the heart. <em>Gifted Education International, 33</em>(2), 95–101.<br>Pfeiffer, S. I. (2024a). Optimizing mental health and well-being: Successful parenting is one key component. <em>EC Psychology and Psychiatry, 13</em>(2), 1–5.<br>Pfeiffer, S. I. (2024b). <em>Parenting from the heart: Raising resilient and successful smart kids</em>. Nueva York: Routledge.<br>Pfeiffer, S. I. (2024c). <em>Parenting from the heart</em>: Special issue of <em>Gifted Education International</em>.<br>Shaughnessy, M. F. (2023). An interview with Steven I. Pfeiffer: Parenting from the heart. <em>Journal of Gifted Education and Creativity, 10</em>(1), 73–79.<br>Shaughnessy, M. F. (2024). An interview with Steven I. Pfeiffer: Dealing with what we know and what we don’t know about gifted kids. <em>Journal of Gifted Education and Creativity, 11</em>(4), 161–167.<br>Zeidner, M., &amp; Matthews, G. (2017). Emotional intelligence in gifted students. <em>Gifted Education International, 33</em>(2), 163–182.</p>
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		<title>Dos lecciones sobre cómo apoyar a los más capaces</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Javier Tourón]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 25 Apr 2019 16:22:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Alta Capacidad Desarrollo del Talento]]></category>
		<category><![CDATA[Talento]]></category>
		<category><![CDATA[Fortalezas de la inteligencia]]></category>
		<category><![CDATA[Fortalezas del corazón]]></category>
		<category><![CDATA[Steven I. PFEIFFER]]></category>
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					<description><![CDATA[Realmente destacan dos lecciones sobre cómo apoyar a los estudiantes dotados. La primera es que desarrollar el talento de niños altamente dotados requiere más que simplemente fomentar su capacidad intelectual (o lo que yo llamo "fortalezas de la cabeza"). La segunda es que el éxito en la vida adulta requiere tanto fortalezas de la cabeza como fortalezas del corazón.
No siempre es fácil predecir quiénes alcanzarán su máximo potencial en la vida. Esto es cierto también para los niños prodigio, muy dotados. Muchos factores no aptitudinales intervienen en el algoritmo para determinar quién, exactamente, terminará recorriendo la mayor distancia a lo largo de la trayectoria de éxito imaginable.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>Hace un tiempo apareció un artículo de mi amigo y colega Steven Pfeiffer respecto a cómo atender a los niños y jóvenes más capaces. Breve, incisivo, certero y elegante, lo rescato ahora para vosotros traducido. Estoy seguro de que os interesará. El original puede verse desde <a href="https://brightthemag.com/two-lessons-on-how-to-support-gifted-kids-cfc25f7c5167" target="_blank" rel="noopener">aquí</a>. He añadido, como casi siempre, algunos enlaces y énfasis en el texto que no están en el original.</p>
<p>&nbsp;</p>
<h2 style="text-align: center;"><strong>Dos lecciones sobre cómo apoyar a los niños más capaces</strong></h2>
<h4 style="text-align: center;"><strong>Por Steven Pfeiffer</strong></h4>
<p>[Nota del editor del artículo original]: el lunes pasado publicamos una historia sobre un niño “talentoso” de 14 años que se convirtió en la persona más joven en la historia en producir fusión nuclear. Esta semana hemos estado escuchando a educadores, investigadores, psicólogos, reporteros, líderes escolares y ex alumnos; los hemos invitado a compartir sus opiniones sobre cómo apoyar mejor, o reformar, la educación para los más capaces, o para reflexionar sobre por qué es tan importante para ellos.</p>
<p style="text-align: center;">________________________</p>
<p>Me encanta la historia de <a href="https://www.ted.com/talks/taylor_wilson_yup_i_built_a_nuclear_fusion_reactor/transcript?language=es&amp;hc_location=ufi" target="_blank" rel="noopener">Taylor Wilson</a>. Me gusta especialmente cómo sus padres descubrieron la mejor manera de apoyar la pasión temprana de su hijo, extremadamente dotado, por la ciencia y la física nuclear. Estos son el tipo de historias de interés humano que nos hacen sentir bien y que nos mantienen entusiasmados con nuestro trabajo sobre el apoyo a los jóvenes intelectualmente precoces. He trabajado con niños de alta capacidad durante más de 35 años en una variedad de funciones.</p>
<p>En mi práctica clínica como psicólogo, he aconsejado a muchos niños muy inteligentes y a sus padres. En mi trabajo académico en la Universidad estatal de Florida, imparto un curso sobre alumnos de alta capacidad y dirijo un laboratorio de investigación que analiza las necesidades sociales y emocionales de los niños dotados y creativos. También trabajé como director ejecutivo del Programa de identificación de talentos de la Universidad de Duke [<a href="https://tip.duke.edu/" target="_blank" rel="noopener">TIP</a>], que ofrece programas académicos de verano rápidos y altamente desafiantes para los adolescentes más inteligentes: este es el programa hermano del <a href="https://www.javiertouron.es/el-modelo-de-identificacion-talent/" target="_blank" rel="noopener">Talent Search</a> del <a href="https://cty.jhu.edu/" target="_blank" rel="noopener">Centro para Jóvenes con Talento (CTY) de la Universidad Johns Hopkins</a> al que personas famosas como Mark Zuckerberg, Sergey Brin y Lady Gaga asistieron.</p>
<p>Realmente destacan dos lecciones sobre cómo apoyar a los estudiantes dotados. <strong>La primera es que desarrollar el talento de niños altamente dotados requiere más que simplemente fomentar su capacidad intelectual (o lo que yo llamo «fortalezas de la cabeza»).</strong></p>
<p><strong>La segunda es que el éxito en la vida adulta requiere tanto fortalezas de la cabeza como fortalezas del corazón.</strong> Me explicaré.</p>
<p>No siempre es fácil predecir quiénes alcanzarán su máximo potencial en la vida. Esto es cierto también para los niños prodigio, muy dotados. Muchos factores no aptitudinales intervienen en el algoritmo para determinar quién, exactamente, terminará recorriendo la mayor distancia a lo largo de la trayectoria de éxito imaginable.</p>
<p>Con estudiantes jóvenes dotados, incluso con niños prodigios, solo podemos ofrecer una conjetura acerca de la probabilidad de logros futuros. Y, la realidad es que una gran cantidad de estudiantes que se identifican como «dotados» cuando son muy jóvenes, crecen y no muestran talento especial ni extraordinario cuando son adultos. Además, no todos los que tienen una «súper inteligencia» resultan ser Stephen Hawking, Steven Spielberg o William Campbell (el ganador del premio Nobel de medicina en 2015).</p>
<p>Igualmente fascinante es que muchos niños, que no fueron reconocidos por tener ningún don especial cuando eran jóvenes, resultan tener un «florecimiento» tardío, y nos sorprenden con invenciones y logros extraordinarios en la vida posterior. Giuseppe Verdi bosquejó sus ideas para componer Othello a los 73 años. Raymond Chandler escribió su primera historia a los 44 años, cuando perdió su trabajo durante la Gran Depresión.</p>
<p><strong>La actualización completa del talento en sus niveles más altos requiere</strong>, en la mayoría de las profesiones y campos, <strong>más que simplemente un alto cociente intelectual</strong>. Cultivar los talentos de los niños de alta capacidad requiere tiempo y trabajo duro, lo que los chinos llaman acertadamente «chi ku», que significa «comer amargo».</p>
<p>El desarrollo de nuestros mejores y más creativos escritores, científicos, ingenieros, cirujanos, detectives, maestros, artistas, intérpretes o líderes políticos, requiere una <strong>cantidad tremenda de práctica, paciencia considerable y una buena dosis de tolerancia a la frustración.</strong> Alcanzar los niveles más altos en cualquier campo también requiere una <strong>pasión para sobresalir</strong> en la profesión elegida. También ayuda si tienes adultos que estén disponibles para servir como mentores y modelos a seguir. <strong>Y, necesitas mucha suerte.</strong></p>
<p>A lo largo de los años, me he mantenido en contacto con una gran cantidad de ex-alumnos altamente dotados. He seguido con gran interés sus trayectorias profesionales y sus trayectorias personales. No todos estos niños más capaces crecieron y se convirtieron en adultos felices y exitosos. Algunos abandonaron la universidad; otros fueron admitidos, pero no terminaron una escuela de posgrado u otra. Algunos lucharon contra sentimientos de soledad, depresión, alcoholismo, abuso de drogas y falta de sentido en sus vidas. Algunos reconocieron haber tenido pensamientos suicidas. El mensaje que he sacado de esto es que <strong>no todos los niños dotados navegan con éxito en las turbulentas aguas de la adolescencia y encuentran un puerto seguro y de apoyo en la vida adulta</strong>. <strong>No todos los niños jóvenes dotados resultan ser adultos exitosos y bien adaptados</strong>.</p>
<p>Esto me lleva a <strong>la segunda lección que aprendí:</strong> para cuando se conviertan en adultos, <strong>la felicidad y la sensación de bienestar de las personas dotadas requiere nutrir las fortalezas de la cabeza y del corazón</strong>. Los niños de alta capacidad, por definición, poseen impresionantes capacidades intelectuales. Y muchos también poseen una buena cantidad de creatividad: “fortalezas de la cabeza”. Sin embargo, lo que a algunos niños dotados les falta en igual medida, son lo que llamamos “fortalezas del corazón”. <strong>Las fortalezas del corazón no se enfatizan en las aulas de hoy, con nuestro énfasis sobre iniciativas académicas, de aprendizaje y educación STEM</strong>. Nosotros en los EE. UU. y nuestros colegas educativos a nivel mundial, estamos muy centrados en las fortalezas de la cabeza. <strong>Y todos nos hemos olvidado de las fortalezas del corazón</strong>.</p>
<p>En nuestro laboratorio de investigación en Florida y en mi trabajo clínico, descubrí que las fortalezas del corazón son particularmente valiosas en la vida de los niños más capaces a medida que crecen. Estas <strong>fortalezas del corazón incluyen la humildad, la compasión, la gratitud, el entusiasmo, la preocupación por los demás, el deber cívico, la bondad e incluso la alegría</strong>. La investigación en nuestro laboratorio -y la convincente evidencia anecdótica- sugiere que estas fortalezas del corazón, a menudo, pueden marcar una gran diferencia en si un niño de alta capacidad se convierte, o no, en un adulto feliz, bien adaptado y exitoso.</p>
<p>Deberíamos agregar a nuestro plan de estudios programas de intervención con apoyo empírico que enseñen y refuercen las fortalezas del corazón como <strong>la gratitud, la empatía, la compasión y el respeto por los demás</strong>. Algunos de estos programas ya existen y tienen una amplia investigación que apoya su efectividad. Otros, aún están en la fase piloto, y hay muchos programas que aún necesitan ser diseñados y probados en las escuelas. <strong>Si nos esforzamos por nutrir las fortalezas del corazón y de la cabeza, seguiremos nuestro camino acertadamente.</strong></p>
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