Dos lecciones sobre cómo apoyar a los más capaces

Cabeza y corazón

Realmente destacan dos lecciones sobre cómo apoyar a los estudiantes dotados. La primera es que desarrollar el talento de niños altamente dotados requiere más que simplemente fomentar su capacidad intelectual (o lo que yo llamo «fortalezas de la cabeza»). La segunda es que el éxito en la vida adulta requiere tanto fortalezas de la cabeza como fortalezas del corazón.
No siempre es fácil predecir quiénes alcanzarán su máximo potencial en la vida. Esto es cierto también para los niños prodigio, muy dotados. Muchos factores no aptitudinales intervienen en el algoritmo para determinar quién, exactamente, terminará recorriendo la mayor distancia a lo largo de la trayectoria de éxito imaginable.

El modelo de los tres anillos: una visión global y actual

Tres anillos y enriquecimiento

Acabo de terminar la revisión de la versión española de un trabajo que tiene gran interés para todos los dedicados a temas educativos, particularmente los relacionados con las altas capacidades y el desarrollo del talento.

Se trata de una versión del capítulo que Renzulli y Reis publicaron en el último Handbook de la American Psychological Association, la obra de referencia más relevante y actualizada que existe actualmente y de la que ya me hice eco en otra entrada anterior. Es uno de esos libros que si el que discute contigo no ha leído, no tiene objeto seguir la discusión… En este capítulo se esclarecen mucho el modelo de los tres anillos. su conexión con el modelo  SEM (School Enrichment Model) y el efecto de las variables co-cognitivas. Se ve la convergencia con otros modelos de desarrollo.

Aprender y enseñar en la universidad hoy. Una guía práctica para profesores

Formación de profesores universitarios

¿Por qué un libro sobre pedagogía y tecnología para profesores universitarios? Porque, entre otras razones, es necesario reconocer que están lejanos ya los tiempos en los que el criterio de autoridad, generalmente ligado al prestigio científico, eran garantía suficiente y única de un buen hacer docente. Hoy en día, con el crecimiento de las necesidades y el número de alumnos en las universidades, nos encontramos con profesores que ni son grandes investigadores –no han tenido tiempo para serlo–, ni son grandes docentes –nadie les ha enseñado–. Ya no basta con saber bien un campo concreto. Es preciso saber abordar la tarea docente con competencia.