El sistema educativo español: ¿Motivos para la esperanza?

McKinsey Educación en España



He terminado de leer con atención el informe que la consultora McKinsey en España ha publicado el pasado mes de Enero y que lleva por título: "Educación en España: Motivos para la esperanza". Como todos los informes de esta consultora, es excelente y está presentado para que el mensaje llegue con claridad y nitidez, al margen de pequeñas licencias con el lenguaje que son poco habituales en la jerga pedagogica y evaluativa. Le falta a mi juicio el hacer un análisis no solo basado en las medias, sino en los porcentajes de alumnos que se encuentran en cada nivel de las escalas de rendimiento, lo que evidenciaría mejor los dos grandes problemas que tenemos en nuestro sistema: el abandono y  bajo rendimiento, por una parte, y la escasez de alumnos en los niveles superiores, por otra (ver sobre esto mi post sobre el informe PISA 2009).

Recomiendo vivamente su lectura a todos los interesados en la educación, es decir, a todos los interesados en el futuro de España. Me voy a permitir hacer solo algunas breves consideraciones al hilo del informe en cuestión, que sirvan de eco al mismo e inciten a su lectura.

La situación del sistema educativo español es inferior a la que debería tener y está estancado en un nivel que no le corresponde, como ya sabemos, al tiempo que las reformas no paran de sucederse, aunque no siempre se sabe bien en qué dirección. Da la impresión, más que impresión, de que cada partido que gobierna siente la necesidad de cambiar algo  o mucho para mostrar que ha llegado. Ya señalé al hablar del "milagro finlandés", no hace mucho en este blog, que uno de los puntos a su favor es el gran pacto por el que se deja al sistema educativo al margen de la lucha política. Esto no sé si será posible en España, porque las concepciones que se tienen de la misma son contrarias y la lucha público-privado no parece abandonarnos. No se pide tanto por la calidad o por una escuela de calidad, pública o privada, ya que a mi modesto entender los ciudadanos tiene derecho a elegir la educación que estimen mejor para sus hijos, sino que se reclama una escuela pública como la única alternativa. Pero vayamos al grano.

Para conocer cuál es el estado de salud del paciente, es preciso evaluar con detalle su situación, cosa que no se puede hacer con las evaluaciones al uso en nuestro país por lo que bien señala, con otros términos, el informe: falta una métrica común. Es decir, cada unidad territorial evalúa como le parece más adecuado y se evitan las referencias y las comparaciones a toda costa, cuestión esencial en la evaluación.

Por otra parte, evaluaciones como PISA, que no son curriculares, tampoco sirven para este efecto de manera directa. Por seguir con el ejemplo del paciente, vemos que éste tiene mala cara, pero no sabemos qué hacer para remediarlo o por qué tiene tan mal semblante. La traslación inmediata de los resultados de PISA a las acciones concretas en el aula no es posible, aunque algunas pistas mediatas quizás da. Hacen falta otras evaluaciones curriculares, como las de diagnóstico, pero con un nivel de aproximación a la realidad mayor, no de mínimos, que sean comunes en lo que pueden serlo y que permitan estudios longitudinales que faciliten analizar el cambio, el impacto de las medidas que susciten.

Hace unos años en Navarra tuve la oportunidad de dirigir un proyecto sobre el establecimiento de estándares para algunas materias de la enseñanza infantil y primaria, dentro del proyecto Atlante, que vieron la luz en  diversas publicaciones pero que no llegaron a implantarse formalmente. Era una apuesta por determinar con claridad y precisión "qué debían saber y saber hacer" los alumnos de estos niveles en cada ciclo y materia. Todo un catálogo de rendimientos esperables, de aprendizajes a lograr. Tenían la esperanza de convertirse en un objetivo común para todo el sistema educativo, pero no fue así. Y es que, precisamente, el establecimiento de estándares es lo que permite una evalación común con una métrica común, además de otros efectos extraordinariamente beneficiosos para la formación de los profesores, cuestión que trataré con detalle en otra ocasión.

Si no determinamos, más allá de los decretos curriculares de mínimos, qué es lo que los alumnos deben saber, qué competencias y destrezas han de mostar a cada edad y en cada materia y, no solo como un mínimo deseable, sino también como un máximo a lograr por algunos, no será posible analizar la sitación del sistema ni, mucho más importante, la dirección y eventual magnitud del cambio que pueda experimentar. Hay extensos catálogos de estándares en muchos países que pueden servir de inspiración y análisis. No entiendo por qué los profesores, en ocasiones, dicen que esto les quita libertad de cátedra. A mí me parece que esto les da la oportunidad contraria, ya que establecer estándares no supone determinar el modo de lograrlos, pero sí qué se espera alcanzar... No establecerlos hace bueno cualquier resultado. Como dijera Séneca, "todos los vientos son contrarios para el barco que no sabe a qué puerto se dirige".

Los otros dos temas que trata el informe son también cruciales: la profesionalización (atraer a los mejores a la enseñanza), de lo que ya hablé al referirme a Finlandia -y que requerirá otra entrada- y por otra parte, la autonomía de los centros. Pero esto tendrá que quedar para otra ocasión.

Solo quiero decir, para terminar este post, que los signos de interrogación del título forman parte de la retórica, el informe no los tiene. ¿Hay razones para la esperanza?, quiero creer que sí...desde luego que sí.

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