Espero que estas 5 consideraciones estimulen la reflexión y la discusión serena de todos los que se sientan interpelados, y les lleven a tomar decisiones eficaces para mejorar la acción educativa, nos va mucho en ello. Para mí forman un bloque con las 8 que ya expuse sobre repensar la escuela y las 11 que planteé sobre posibles modificaciones para la misma, son casi como un corolario en el que tengo particularmente presentes a los alumnos más capaces. Vamos allá, esta vez seré breve.

1. La escuela, el sistema educativo, tiene que ser proactiva y no reactiva. Esto significa que han de establecerse planes sistemáticos y
periódicos de identificación de los más diversos tipos de talento (desde
luego y de modo prioritario el académico o intelectual, que
directamente afecta a la escuela). El talento que no se identifica no se puede promover, y si no se interviene
educativamente éste no se desarrollará.

flickr.com/photos/venosdale

2. Promover programas específicos de alto rendimiento para los
alumnos más capaces o con un grado de talento que así lo exija. Los
centros educativos deberían venir obligados a tener un plan de atención a los alumnos más capaces, del
mismo modo que lo tienen para atender a otras necesidades específicas.

3. Procurar la implicación de los agentes sociales en el desarrollo del talento, dentro y fuera de la escuela. Los centros educativos tiene
un gran papel que jugar, pero es preciso entender que harán falta
programas especiales que deberán desarrollarse en colaboración, pero
fuera de la escuela, contando con centros específicos para ello, y con
la cooperación de otras instituciones educativas y productivas de alto
nivel: universidades, centros de investigación, empresas tecnológicas,
etc. La construcción social es tarea de todos, el desarrollo del talento también.

4. Promover una ley de mecenazgo que anime a los agentes sociales a
colaborar económicamente en el
desarrollo de un programa de identificación y desarrollo del talento de
amplio alcance, que favorezca una educacion de calidad para nuestros jóvenes desde la
enseñanza primaria y secundaria, para que a la Universidad y otros
niveles superiores lleguen excelentemente formados. Solo así es posible
esperar que algunos de nuestros jóvenes más capaces destaquen en la Universidad y, después de ella, en el mundo empresarial y de investigación
del más alto nivel.

5. Toda esta estrategia no puede ni debe imponerse ni a las escuelas
ni al sistema educativo. Debe proponerse para que se sumen los que deseen hacerlo, desde la iniciativa social y desde la administración, y
que ello sirva de aliciente para que otros se sumen a quienes quieran
ser pioneros. “La excelencia en educación es una meta alcanzable, y a un
costo razonable (…). El éxito se producirá en aquellas personas y
países que sean rápidos en sus adaptaciones, lentos a la hora de
quejarse y que estén abiertos al cambio” (Scheleicher, 2007, p. 6,
Education Report, Mackinsey).

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