Mito 5. Los niños de alta capacidad son creados por unos padres “superapasionados”, que conducen a sus hijos a rendir continuamente de forma alta. Cuando los padres, muy ambiciosos, les empujan demasiado, esos niños terminan fracasando

Alta capacidad y pasión de los padres


Los padres, aunque deben estar junto a los hijos estimulándolos, animándolos y empujándolos, no crean la alta capacidad. Es importante que los padres reconozcan las necesidades educativas y afectivas de sus hijos, y esto implica que deben ser conscientes de cuáles son sus puntos fuertes y cuáles sus puntos débiles, que seguro los tendrán.

Siendo así, la exigencia para que sus hijos pongan el esfuerzo que razonablemente se puede esperar de ellos para alcanzar el rendimiento acorde a su capacidad, será compatible con la comprensión ante los fallos y fracasos, que también los habrá.

Los padres deben analizar cuidadosamente cuáles son las razones que les llevan a presionar a sus hijos. Si realmente van buscando un estímulo que les ayude en su desarrollo personal, o si están proyectando en su exigencia alguna frustración personal, o incluso si lo hacen por vanidad, o por prestigio social.

En cualquier caso, lo que es claro es que la alta capacidad, como potencial que es, no se crea a base de esfuerzo o exigencia paterna. Mas bien los padres lo que deben es ofrecer el apoyo necesario para que sus hijos alcancen su pleno desarrollo, favoreciendo un ambiente intelectual y culturalmente estimulante, donde el interés por la felicidad personal de los hijos, fin mismo de la educación, presida todas las relaciones familiares.

Pero el estímulo, que siempre es conveniente, no debe convertirse en presión, o en el planteamiento de unas metas lejos del alcance real de las facultades del niño. Cuando esto ocurre, el fracaso está asegurado, con los efectos negativos que de él se derivan, tanto para la imagen del niño sobre sí mismo, como para las relaciones paterno-filiales.

Lo contrario también es cierto, una persona con una capacidad potencial alta, si no recibe el apoyo de la familia, y el interés de sus padres por ofrecerle las oportunidades educativas adecuadas está ausente, tendrá –en el mejor de los casos–  menos posibilidades de obtener una realización adecuada de sus capacidades.

Los niños de alta capacidad están enviando señales claras a sus padres acerca de su necesidad de un entorno estimulante, en esto no son diferentes de cualquier otro niño. El arte educativo de los padres debe llevarles a encontrar el balance adecuado entre exigencia y comprensión, entre ayuda y presión, entre estímulo y desinterés.

9 comentarios:

  1. Muy bien explicado. Todos los padres debieramos de estudiar más este tipo de cuestiones. Me parece especialmente interesante la reflexión sobre elinterés por la felicidad de los hijos como fin mismo de la educación.

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  2. Gracias. La verdad es que, en ocasiones, los padres perdemos de vista lo más obvio...la felicidad de nuestros hijos, y nos dejamos arrastrar por tendencias y estereotipos sociales que no siempre suponen lo mejor para ellos. Educar es todo un arte...

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  3. El primer comentario cuando nos reunimos con la profesora de nuestro hijo al que observamos indicios de altas capacidades es que debemos de estimularlo demasiado y que probablemente la cauda es que nuestro nivel cultural (somos licenciados ambos) es alto...

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  4. La verdad es que algunos profesores están un poco despistados. Claro que un nivel cultural alto favorece el desarrollo personal, como la buena alimentación el crecimiento. Pero tanto la capacidad intelectual como la altura o la fuerza física no dependen del empeño de los padres. ¿es tán difícil de entender?

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  5. Gracias por tu blog, Javier. Lo acabo de descubrir y estoy segura de que me va a ayudar mucho. Estamos iniciando ahora la cruzada para conseguir del colegio un mínimo interés por los niños con altas capacidades. Mi hijo, escolarizado en primer año de infantil, inició el curso sabiendo leer y escribir. A su nivel, claro está. Pero hay otras cosas que le diferencian de la dichosa "media" de lo niños de su edad. Todo ello sin dejar de ser un niño absolutamente normal. Ya durante este año, él ha manifestado que el cole le aburre y que prefiere quedarse en casa; y cuando hemos planteado en el cole el caso, buscando su apoyo, la respuesta es que no nos comprenden. Y hemos incluso presentado una valoración del niño a la que no han dado ningún crédito. Claro que según nos dicen, en toda la historia del cole, y es un cole de 2000 alumnos, nunca ninguno ha necesitado una flexibilización de currículo académico, y solo recientemente han avanzado de curso a una niña en secundaria por empeño de los padres. Debe ser, como dices, que creen que la curiosidad y la inquietud de mi hijo por aprender no existen más allá de mi imaginación. Y probablemente nos imaginan con un silabario de los de antes obligando al niño cada noche a que recite: “Mi mamá me mima. Yo amo a mi mamá.” ¡En fin! Espero que tu experiencia, y la de tus seguidores, nos den un poquito de oxígeno para iniciar esta andadura.

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  6. Carolina, la travesía será larga, pero indispensable para que tu hijo crezca y sea feliz desarrollando su potencial.
    A ver si somos capaces entre todos de daros pistas.
    Un saludo cordial

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  8. Agradeceria Mucho que abordara el tema de la obediencia. Pues el padre y yo discrepamos en la enseñanza aunque concordamos en su necesidad.

    Saludos y Gracias Javier!

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