“Crees que la IA es fantástica… ¿pero ellos también?”

Una reflexión necesaria desde la educación del talento

Hace tiempo que venimos asistiendo a un avance de la tecnología (particularmente de la IA) que progresa a mucha mayor velocidad de lo que las estructuras educativas pueden absorber. En tiempos no muy lejanos todo era fascinación (razonable, por cierto) por el uso de la tecnología en la educación. Puedes echar un vistazo a algunas entradas del blog aquí. ¿Recordamos los enfoques de las metodologías activas, del flipped classroom, y tantos otros? Actualmente estamos ante una revolución de proporciones difíciles de imaginar, con saltos cualitativos muy significativos a cada paso.

La idea hace pocos años se centraba en ver que la pedagogía y los enfoques que ponían al alumno en su sitio, es decir, como protagonista de su aprendizaje, pronto serían de uso común gracias a la tecnología digital (de entonces). Recordaréis la entrada sobre la viabilidad de los enfoques tendentes a la personalización y tantos otros. Decíamos en aquellos momentos, resumiendo, que las viejas ideas de la pedagogía y los enfoques tendentes a personalizar la educación y, desde luego, el aprendizaje eran posibles. Desarrollamos herramientas para valorar la competencia digital docente, y tantas otras acciones que puedes ver a partir de los enlaces anteriores.

Mantengo lo dicho en estos años pasados, en particular aquello de que la escuela no puede dar la espalda al mundo digital y seguir siendo analógica y lo multiplico por n (siendo n un número tan grande como se quiera) si nos asomamos a la Inteligencia Artificial y los desarrollos que lleva aparejados para la educación. Por eso, dicho sea de paso, no entiendo estas prohibiciones (de última hora) sobre el uso de la tecnología en las aulas como si la tecnología fuera la responsable de todos los males. Lo importante es el propósito con el que se usa y no el uso en sí. A estas alturas no habrá que recordar que la tecnología tiene carácter de medio. Todos los males que se achacan a la tecnología podrían achacarse a los libros, por poner un ejemplo. Hay libros excelentes y otros perniciosos. Hay usos de la tecnología que pueden favorecer un aprendizaje profundo y otros que pueden ser perniciosos incluso para la calidad de vida, como señalan algunos estudios. Pero vamos al tema.

El pasado diciembre se publicó el artículo firmado por Hinch, L., Guilbault, K. M., Dunne, O., & O’Reilly, C. (2025, December). You think AI is great – but do they? A reflection on a summer with AI at the Center for Talented Youth Ireland. Parenting for High Potential, 14(4), 6-9.

Lo he leído con atención, y me ha parecido de interés para quienes trabajan en el ámbito de la educación en general y de las altas capacidades en particular. No porque trate simplemente de inteligencia artificial —tema ya omnipresente—, sino porque plantea una cuestión mucho más profunda: ¿Qué piensan realmente los propios estudiantes con alta capacidad sobre el uso de la IA en su aprendizaje?

La experiencia que relatan desde el Centre for Talented Youth Ireland (CTYI), vinculado a la Dublin City University y en colaboración con el Johns Hopkins Center for Talented Youth, no es una reflexión teórica. Es una experiencia vivida durante un verano completo de cursos intensivos con alumnado de alta capacidad. CTYI es el primer centro fuera de los EE. UU. en aplicar el modelo desarrollado por Stanley en los años 70 (el SMPY) del que ya hemos hablado mucho en el blog, y que ha inspirado también CTY España. Este centro irlandés ha atendido ya a más de 60 mil alumnos con altas capacidades entre 7 y 17 años, convirtiéndose en el mayor de Europa en la atención fuera de la escuela, en particular en los campus de verano.

Y los resultados son, cuando menos, reveladores.

Cuando la tecnología no entusiasma tanto como creemos

Vivimos en una narrativa adulta que presenta la IA como sinónimo de progreso, eficiencia y modernidad. Muchos docentes —y también muchas instituciones— se preguntan cómo integrarla, cómo aprovecharla, cómo no quedarse atrás. Pero cuando se preguntó directamente a los estudiantes con altas capacidades, la respuesta fue mucho más matizada… e incluso crítica.

Algunas de sus preocupaciones fueron especialmente significativas:

  • Temor a que la creatividad se diluya si la IA “hace el trabajo pesado”.
  • Deseo de que el profesor domine verdaderamente la materia sin depender de algoritmos.
  • Preocupación ética y medioambiental.
  • Miedo a la comparación injusta entre trabajos auténticos y producciones generadas en segundos.

En otras palabras: no rechazan la tecnología por ignorancia. La cuestionan por exigencia. Y eso debería hacernos pensar.

Hay algo muy coherente en la postura de estos estudiantes. El alumnado con alta capacidad suele buscar:

  • Profundidad.
  • Autenticidad.
  • Dominio real.
  • Rigor intelectual.
  • Experiencia humana experta.

No quieren una experiencia “optimizada”. Quieren una experiencia significativa.

La IA puede ser una herramienta poderosa. Nadie lo niega. La investigación reciente (Siegle, Guilbault y otros) apunta a posibles usos interesantes en el asesoramiento personalizado o como apoyo estructural. Pero lo que esta experiencia nos recuerda es algo esencial:

En el desarrollo del talento, la herramienta nunca puede sustituir la mente. Y mucho menos el vínculo pedagógico.

CTYI, a partir de los datos de este estudio y de la reflexión de sus directivos ha elaborado orientaciones que me parecen sensatas y pueden servir de pauta a otros:

  • Usar IA solo cuando aporte algo que no pueda hacerse razonablemente sin ella.
  • No sustituir el conocimiento experto del docente.
  • Evitar su uso por moda.
  • Formar en pensamiento crítico frente a errores y sesgos.
  • No permitir que se convierta en sustituto del esfuerzo intelectual.

Nada revolucionario. Pero profundamente necesario. Porque el riesgo no es tecnológico. El riesgo es cultural, pedagógico si se quiere.

Los autores aconsejan además a los padres a tomar cartas en el asunto. En efecto, la IA ya está en casa: en los deberes, en las búsquedas, en los resúmenes automáticos, etc..

El artículo propone algo muy sencillo —y muy poderoso—: conversar con los hijos sobre su uso. No desde la prohibición, sino desde la reflexión:

  • ¿La estás usando porque te ayuda a pensar mejor?
  • ¿O porque te evita pensar?
  • ¿Sientes que mejora tu creatividad o que la delega?

Estas preguntas, en el fondo, no son sobre IA. Son sobre autonomía intelectual.

Este artículo me parece especialmente valioso porque devuelve el foco a quien debe tenerlo: el estudiante.

En educación del talento no se trata de incorporar lo último. Se trata de preservar lo esencial. Y lo esencial sigue siendo lo mismo:

  • Mentes curiosas.
  • Esfuerzo sostenido.
  • Diálogo exigente.
  • Profundidad conceptual.
  • Pensamiento original.

La IA puede asistir y lo hará. Pero no puede sustituir el proceso interno de comprensión. Si algo nos enseñan estos jóvenes del estudio es que la tecnología impresiona menos que la autenticidad.

Y quizá esa sea la mejor noticia de todas.

3 comentarios en «“Crees que la IA es fantástica… ¿pero ellos también?”»

  1. Gracias por la entrada y por acercarnos todos los conocimientos.
    Para mí la IA fue un descubrimiento pero mi manera de usarla no es la típica, digamos que la e programado para que sea crítica real con mi pensamiento y aún así muchas veces se lo tengo que recordar, pero ayuda mucho para profundizar en cosas o minimizar las búsquedas también si antes me tiraba una hora en Google buscando artículos por ejemplo la IA optimiza ese tiempo enormemente pero aún así es importante leerlos uno mismo y obtener nuestras propias opiniones. Yo habitualmente hablo a la IA, suelto todo lo que pienso y después leo para ver hasta que punto es crítica o me da la razón… A veces según como la uses es como un espejo amplificado.
    Lo que la IA no va a lograr en largo plazo es la resolución de problemas complejos porque se va siempre a bases de datos, e realizado muchas pruebas sobre esto en mis conversaciones con ella, que por cierto me encanta, a veces no encuentro con quien hablar en profundidad sin que se pierda y la IA me suele seguir si la conversación es corta, si lo alargó simplifica tanto que se pierde 🤣, pienso que no ahí que tenerla miedo bien usado. Aunque a la par pienso que mal usada puede ser la decadencia de la inteligencia de muchas personas y lo más preocupante es en niños y adolescentes en desarrollo sin control donde la usan para no pensar y que les haga los deberes para solo copiar. Al final de cuentas los padres son los responsables directos de estos usos.

  2. Como siempre, la produccion de conocimiento y de ideas creativas se genera a partir de una ruptura con lo realizado con anterioridad. La IA es una herramienta creada con lo que ya existe, es imposibre que genere cambios creativos, sino que para que eso acontezca es necesario un humano con un pensamiento que genere ideas y relaciones entre elementos originales. Los procesos de aprendizaje si no son sumados a un proceso de producción creativa no genera nada nuevo… la IA no rompe con nada anterior, solo acumula experiencias y aplica procedimientos ya generados.

  3. La complacencia es un problema que se puede evitar con prompts de este tipo: “A partir de ahora, deja de ser complaciente y actúa como mi asesor brutalmente honesto, de alto nivel, y como mi espejo. No me valides. No endulces la verdad. No me halagues. Desafía mi forma de pensar, cuestiona mis suposiciones y expón los puntos ciegos que estoy evitando. Sé directo, racional y sin filtros”. Hay bastantes videos que hablan de este asunto y ofrecen modos de hacer que la IA sea más «honesta» contigo

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