Mito 6. Los niños de alta capacidad serán adultos eminentes y creativos. O, las personas que no muestran eminencia en la infancia, nunca llegarán a destacar en algún talento concreto



No es fácil predecir el éxito futuro o señalar qué variables están claramente relacionadas con él; son muchas las circunstancias que pueden favorecer o dificultar el camino hacia la eminencia, concepto –por otra parte–  bastante relativo.

Lo que es cierto, tal como muestran innumerables estudios longitudinales, es que la detección temprana y la provisión de ayudas educativas oportunas son la mejor garantía de éxito en el desarrollo personal. Que dicho desarrollo sea socialmente considerado (caso del campo artístico, por ejemplo), depende de factores generalmente ajenos a la acción educativa misma.

La educación de los alumnos de alta capacidad, de todas las personas independientemente de su capacidad, se debe orientar al pleno desarrollo personal, a la completa actualización de las propias potencialidades, en un proceso que –como sabemos-  siempre estará inacabado.

Es claro que la alta capacidad puede mostrarse precozmente para en un momento posterior equipararse a un perfil más estándar, de “normalidad”. O lo contrario, que la competencia excepcional aparezca en un momento del desarrollo de las personas más tardío. Sea cual fuere el caso, el reto está en adecuar las oportunidades educativas a las necesidades actuales de cada educando, sin basar éstas en las realizaciones futuras, de las que nunca tendremos demasiada certeza.

Por tanto, es posible que algunos niños de alta capacidad, incluso los prodigios no lleguen a ser eminentes en la etapa adulta, y que algunos adultos eminentes no sean prodigios. Esto no debe condicionar en modo alguno su educación. Al contrario, la acción educativa debe estar abierta a cubrir las necesidades de las personas independientemente de cuando se presenten, evitando a toda costa el etiquetado, estableciendo una especie de inexorable relación causa-efecto entre la etiqueta y el resultado esperable.

Es propio de una actitud educativa estar abierto al cambio y a la mejora, al hecho de que las personas siempre pueden dar más de sí. Además, la eminencia no es, necesariamente, una meta educativa, y no es imprescindible para alcanzar el pleno desarrollo personal. Otra cosa distinta es que el que pueda ser eminente no quiera serlo.

4 comentarios:

  1. No siempre un niño eminente será un adulto exitoso, hay muchos adultos exitosos que fueron estudiantes promedio pero poseen una alta inteligencia emocional (la cual en ocasiones no es una característica sobresaliente de las personas eminentes) que los vuelve triunfadores.

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  2. Muchas gracias Javier por el artículo,

    Me quedo especialmente con la frase "el reto está en adecuar las oportunidades educativas a las necesidades actuales de cada educando, sin basar éstas en las realizaciones futuras, de las que nunca tendremos demasiada certeza"

    Un cordial saludo, Marcos

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  3. Gracias a ambos. Estoy de acuerdo con lo de la inteligencia emocional. Otra variable más que apunta hacia lo complejo que es el campo del desarrollo humano en el que intervienen tantas variables.
    También podríamos traer al cuadro la inteligencia exitosa de Sternberg...
    Pero el comentario me parece muy oportuno. La educación es compleja, qué duda cabe.

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  4. Buenas tardes.
    Ha sido revelador el libro: "Demasiado inteligente para ser feliz". Por fin he entendido lo rara que soy, lo poco sociable, y las ideas que nadie más entiende.
    Me he tranquilizado, ahora todo me encaja, aunque no creo que sea muy lista, más bien muy torpe socialmente.
    Cuarenta años pensando que era muy anormal es muy duro. Una vida que no se entiende, nadie te entiende.
    Hay que informar a los adultos, pues son personas que no encajan en nada.
    Un saludo

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