23 de abril de 2012

Mi hijo tiene alta capacidad, ¿se lo digo?

Esta es una duda común que suele asaltar a los padres, a veces también a los profesores. Entre el 'no se lo digas, que se lo creerá' y el  'díselo, ¿cómo va a desarrollar si no su capacidad?' se encuentra todo un abanico de opciones. Aquí va mi reflexión al respecto.

Se habrá observado que no titulo: 'mi hijo es superdotado, ¿se lo digo?' Y lo hago porque su hijo no es superdotado: tiene una determinada capacidad. Y ¿no es lo mismo? Desde luego que no. La capacidad es una cuestión de grado y, además, se refiere a dimensiones específicas. Es decir, que tenemos -de ordinario- puntos fuertes y puntos débiles. Pero no hay, no existe, algo así como un rasgo distintivo o atributo que unos tienen y otros no. Por tanto, no es posible decir que su hijo es superdotado, o si se dice, no debería hacerse dando a entender que se trata de un rasgo fijo e inmutable. Y, por favor, menos aún como un CI o como una etiqueta. Eso sería lo fácil, pero también lo equivocado. ¿Cómo es posible que haya quien diga 'mi hijo es superdotado porque tiene un CI de 130' o, 'mi hijo no es superdotado porque tiene un CI de 127'? No tiene mucho sentido.

Por tanto, si en lo que está pensando es en decirle a su hijo que ES superdotado: olvídelo. Cometerá un error y lo dejará perplejo, confuso y preocupado. Entre otras cosas porque no sabrá muy bien lo que le está diciendo, ni qué significa. O peor aún, creerá que es un niño "rarito",  de esos que lo saben todo.
Ahora bien, pensemos que si la educación es un proceso de gradual responsabilización de seres libres, el autoconocimiento es esencial. Conocerse a uno mismo es crecer en libertad, crecer como persona, en definitiva, educarse. Por ello parece esencial ayudar a nuestros hijos a conocerse, para que puedan aceptarse y responsabilizarse progresivamente de sus propias vidas.  Éste es el ejercicio propio de la autoridad educativa, entendida como servicio, que ejercen los educadores (padres, profesores, amigos) sobre los educandos. Y es que la educación es, sobre todo, autoeducación.

Entonces, si su hijo no es superdotado, ¿qué es? La verdad es que no es más que un proyecto con, inicialmente, algo más que dudosas potencialidades. Tiene un regalo, pero también una tarea encomendada. O sea, que cada uno tiene sus capacidades, diversas, y en más o menos grado, y por eso tendrá que hacer algo por sí mismo (aunque sea con ayudas) para desarrollarlas.

¿De qué jactarse si uno no ha hecho nada para recibir lo que tiene? Pero como lo tiene, debe responsabilizarse de su desarrollo; nadie hará crecer tu potencial por ti. De ahí lo que decía en el párrafo anterior: la educación, principalmente, es autoeducación. Somos protagonistas de nuestra propia educación,  pero protagonistas precarios, es decir necesitados de ayudas.

Lo que su hijo tiene, por lo dicho, es un potencial, una o más capacidades, una serie de dimensiones de su personalidad (en sentido amplio) que podrán aplicarse a un determinado campo de trabajo, del saber, de las artes, del deporte, de la actividad humana en suma. Y en razón del potencial de uno, tiene un trabajo por llevar a cabo, tanto más cuanta más capacidad.

¿Cómo puede, entonces, ocultársele a un hijo su extraordinario potencial para alguna o varias actividades intelectuales, artísticas o deportivas? ¿Cómo podría llegar a ser un buen jugador de algo si no le decimos que tiene condiciones para ese algo? Naturalmente porque tiene determinadas condiciones, pondremos los medios a nuestro alcance para que las desarrolle y aplique.

Así pues, dado que el desarrollo personal es una combinación entre potencial (capacidad), medios y trabajo, se entiende bien que sin trabajo, el potencial se convierte en una mera realidad virtual.

Por otra parte, su hijo ya sabe que no es como los demás, que aprende antes que ellos, que tiene una sensibilidad para las relaciones personales y los problemas sociales muy especial, que sufre con lo que otros quizá se ríen, que sus intereses no coinciden demasiado con los de sus compañeros, que... ¿a que les suena todo esto?

Olvidémonos, pues, de etiquetas absurdas y pongámonos manos a la obra,  que la tarea de desarrollar la capacidad de uno será larga pero apasionante. ¿No lo es acaso la educación de cualquier hijo?

Su hijo no es un "friki" por tener altas capacidad, y tiene que saberlo; es como otros miles de niños y jóvenes. Lo importante es que le ayude a ver que todos somos distintos, con puntos fuertes y débiles, y que algunas personas tienen puntos fuertes muy destacados como él o ella, por eso tendrán que trabajar duro para realizar todo su potencial. Utilizar ejemplos de los deportistas, músicos, pintores y otras personas eminentes le ayudarán a explicarle la distancia que media entre tener capacidad para algo y llegar a realizar esa capacidad.

También es importante que comprendan que pueden tener un papel muy destacado de servicio a los demás, que su potencial bien encauzado puede ser motor de grandes logros que para otros no son posibles. Tenemos que enseñarles a que se gusten (sin narcisismos), a que se acepten y a que luchen por mejorar cada día como, por otra parte, hacemos todos los demás.

Finalmente, tenemos que ayudarles a ser felices. Pero la felicidad no se logra si uno no sabe quien es, o cómo es, o qué puede lograr en esta vida. O si lo sabe y se lo niengan una y otra vez. Desde luego es difícil lograr la felicidad si no nos permiten desarrollarnos como personas, de alta capacidad, sí, pero personas.

Yo, sin duda, con plalabras y ejemplos sencillos se lo diría. Y luego haríamos planes y lo celebraríamos. ¡Ah! y le pediría que de vez en cuando le echase una mano a su hermana/o que le cuesta la geometría... pero sin descuidar su propio proyecto de robótica...

En suma, le ayudaría a conocerse y a luchar por sus proyectos  e ilusiones. Y no le ocultaría, pero sin dramatismos, que crecer es complicado pero que merece la pena dar lo mejor de uno mismo para ponerlo al servicio de los demás.

28 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Qué gran entrada!Se agradece mucho una explicación tan cernana sobre el tema.

Anónimo dijo...

Gracias, gracias, gracias...Me ha hecho verlo tan claro; de repente me ha quitado un gran peso de encima.

Javier Tourón dijo...

Me alegro de que os resulte útil. Al final saldrá la luz. Saludos cordiales

Miguel M. dijo...

Voy a contar mi experiencia.
Mi hijo se aburría mucho en el colegio. No quería ir al colegio. Por las noches montaba unas escenas, "no quiero ir, me aburro mucho". Al principio la respuesta era clara: "tu madre trabaja, yo trabajo, tus vas al colegio".
Finalmente, después de un largo peregrinaje, le hicieron las pruebas y fue diagnosticado de altas capacidades.
Así que pudimos darle una explicación del por qué se aburría, que posiblemente él no sabia. "Tu tienes la capacidad de entender las materias mas fácilmente que tus compañeros".

Después pasamos al capítulo, "tú tienes capacidad, pero para lograr el talento te hace falta esfuerzo".

Ahora estamos en la fase: Tenemos que buscar o convencer al centro, para que te ofrezca ese apoyo específico que tienes derecho por ley, para poder disfrutar de la enseñanza y no aburrirte.
Aunque por el momento, esto es difícil.

Javier Tourón dijo...

Qué buenos comentarios. Es importante que los padres vean que no están solos, que otros comparten los mismos o parecidos problemas y tienen experiencias valiosas para los demás. La unión hace la fuerza, os lo aseguro. Muchas gracias por la aportación Miguel. Ahora a por el cole (en el buen sentido!). Quizá quieran leer algo de esto...
Saludos cordiales

Pilar S. dijo...

Estupenda entrada. A modo de anécdota: cuando mi hijo tenía 5 años se encontraba jugando en el parque. Un compañero de juegos, de su misma edad, le dijo: "yo soy superdotado". Mi hijo se quedó parado y luego respondió: "y yo superplateado"
¡Saludos!

alicia dijo...

Excelente entrada Javier, de muchisima utilidad para los padres.
Coincido que los niños deben saber acerca de su condicion,ademas es casi imposible que no lo sepan, mi hija es AC y ella era la que mas me insistia para que le hicieran los test en el cole. Ahora estoy en la misma etapa que Miguel M. UNA LUCHAAAA.
Un saludo
Alicia

Marcos Román dijo...

Enhorabuena Javier por el artículo y saludos cordiales desde Madrid.

Marcos Román

Valle dijo...

Fantastico el enfoque y de gran ayuda para los padres.
Tambien tengo un hijo de AC y me veo en dura tarea de Miguel y Alicia,Luchando por conseguir lo que el el sistema nos niega,una pena!!!

Calabria dijo...

Gracias, Javier. Porque tu reflexión, siendo también mía, largamente meditada, preocupante para mí, tiene el valor añadido de tu experiencia y largo recorrido.
Mi hijo también es de alta capacidad. Desde el primer día establecí una prioridad en su educación: hacer de él una persona feliz. Pienso que no es preciso explicar que la compatibilidad entre inteligencia y felicidad exige realización y satisfacción, personal y social, y, sobre todo, altas dosis de coherencia. Opté por no decirle nada, puesto que afectivamente estaba bien adaptado a su clase y a sus compañeros, abordando otras necesidades, como la satisfacción de su infinita curiosidad, a través de actividades extra pensadas para él. Está ahora en la adolescencia y aparecen síntomas de desajuste personal: baja autoestima (no tan baja como para ser preocupante, incluso explicable por la edad, pero sí un indicador a tener en cuenta). Ya sabes, la oscilación entre la arrogancia y la falta de autoestima. Aquí fue donde me planteé seriamente hacerle partícipe de algo que, bien atendido, no tiene por qué convertirse en objeto explícito de conversación (como no lo son las capacidades de sus hermanos, que aprueban sus cursos con notas incluso más brillantes que él). Pero sí es cierto que al crecer demanda argumentos más adultos que no pueden bordear esta cuestión como si se tratara de un tabú.
En cuanto al colegio, mi elección fue utilizar el sistema educativo a su favor, teniendo en cuenta las limitaciones existentes, y completar sus necesidades fuera, porque exponer la situación y conseguir un trato diferente, en mi opinión, suponía un enfrentamiento y una diferenciación que le hubiera perjudicado en mayor medida que el beneficio potencial que podría haberle reportarle. Estamos hablando de un niño socialmente bien integrado y afectivamente feliz. Un curso de adelanto no compensa esa etiqueta de “friki” que es el primer perjuicio (y prejuicio) al que tendría que haber hecho frente.
El sistema educativo debería disponer de pruebas de identificación frecuentes y rutinarias, de profesionales, en todos los centros, formados en este campo, y de atención adaptada (que no personalizada) a las distintas situaciones educativas que pueden darse: esa famosa adaptación curricular que, desde luego, en estos casos, no existe. Lo demás, en mi opinión, son medidas insuficientes y, por sí solas, poco eficaces.
Por ello, tus reflexiones, con tu experiencia y formación, y en este escenario, tienen mucho más que valor intrínseco: un incuestionable y enorme valor añadido. Por ello, de nuevo, gracias.

Javier Tourón dijo...

Muchas gracias a tí por tu reflexión. Me ayuda más de lo que os podéis imaginar a estar cerca de la realidad y no perder perspectiva, cada vez que leo vuestros comentarios y reflexiones.
Conocer vuestros problemas de primera mano... ¿Podríamos conseguir que los profesores se hagan cargo?
Nos costará, pero acabaremos viendo la solución, quizá cuando vuestros hijos ya sean mayores, pero ellos también podrán entonces echarnos una mano y así los que vengan detrás lo tendrán más fácil. Merece la pena!

Miguel M. dijo...

Sigo con mi experiencia.
Yo tenía claro que tenía que decírselo, le debía una explicación por su aburrimiento en clase.
Otra cosa, es pedir una atención diferenciada en clase, recibí consejos en ambos sentidos. Finalmente, pedí asesoramiento especializado y me aconsejaron que la meta era que tenía que reconocerse como persona de altas capacidades, y su entorno también, pero normalizando la situación. Al principio el no quería diferenciarse, yo lo respeté, pero al final en el Instituto su aburrimiento es tal, que desea algo motivador, aunque implique diferenciarse del resto. El problema es el centro, que se resiste.
Manda narices, que un padre pida más contenido, más dificultad, mayor nivel, y el centro se niegue.
Así nos va en la educación.

Calabria dijo...

Sospecho que Miguel avanza, de alguna manera, mi futuro próximo como madre. Mi hijo va salvando la situación con buenas notas pero se queja frecuentemente de aburrimiento. El obstáculo principal que yo encuentro en la educación de un niño así no es él mismo o su familia cercana (mi marido, yo, mis otros dos hijos), en cuanto a aceptación o trato, sino la imposibilidad de imponer normalidad al resto de su entorno social (colegio, amigos, etc.) que, en plena adolescencia, es también el ámbito de mayor influencia sobre él. No pretendo en absoluto enfocar la atención sobre mi caso, sino destacar el conflicto que surge al tener que plantearse el reconocimiento y la educación de una persona de alta capacidad como un enfrentamiento contra el sistema Es obvio que esto cada uno lo resuelve del modo que considera óptimo. Posiblemente mi actitud no sea la más “valiente” socialmente, en cuanto a que luchar por el reconocimiento de un niño de alta capacidad conlleva allanar el camino a otros que vendrán detrás. Simplemente es una alternativa que en este instante me parece la mejor para él, puesto que no veo la ventaja de convertirlo en epicentro de una “lucha” que podría resultarle ventajosa intelectualmente, pero no en el ámbito de los afectos y de la personalidad. Es muy frustrante toparse con la negación, por desconocimiento, de la alta capacidad. Pero lo es más si se tiene en cuenta que ese desconocimiento no es ni siquiera culpa del individuo, sino de la carencia de planes de formación del profesorado y de otros profesionales relacionados con la educación en este asunto. Por otra parte, pienso que parte de ese rechazo proviene del miedo a no saber cómo educar a alguien supuestamente de mayor inteligencia que uno mismo (a modo de reacción subconsciente de autoprotección). En cualquier caso, por uno u otro motivo, la alta capacidad se queda sin tratar. Ante esta situación, yo prioricé de la forma más eficiente que en ese momento se me ocurrió: asumí tomar las riendas de su educación, me pude permitir una reducción de jornada sacrificando el ascenso profesional para no delegar su cuidado al salir del colegio. Cuando quise formarme (cursos de especialización, másteres… me daba igual ¡algo!) entendí perfectamente por qué los maestros no saben de qué se les habla.
Disculpad la extensión. Esto me toca una fibra tan sensible que no he podido evitar un segundo comentario.
Saludos a todos. Y una vez más el agradecimiento a Javier por cedernos este espacio.
Lola

alicia dijo...

Quizas seria bueno crear un espacio para nosotros los padres de los hijos AC, o un facebook, donde contarnos todas nuestras penas y aciertos. De todos modos es una grandiosa ayuda tener a alguien como Javier Touron que nos ayuda y alienta.
El tutor y yo logramos que el cole reconociera la capacidad de mi hija, ahora estoy a la espera del equipo de orientacion de la xunta hace...2 meses. Seguire en la lucha siempre, pues mi hija asi lo merece, pero se pierde mucho tiempo en algo que deberia ser mucho mas facil. Hoy mi hija (12 años) me decia cuando ibamos hacia el cole: " a mis compañeros solo les importa aprobar, no van a aprender al cole, solo aprobar, y cuando les digo que seria bueno tener otras materias como por ej diseño grafico , me dicen :nooooo otra materia mas¿¿¿ para que?.
No quiero que mi hija pierda ese fuego....pero el entorno. Que dificil no¿¿

Miguel M. dijo...

En respuesta a Lola (Calabria).
Me niego que mi hijo venga a casa diciendo que se aburre. Podría ponerle actividades extra escolares estimulantes, pero seguiría aburriéndose en clase, y finalmente odiando el colegio, para terminar en el fracaso escolar (es mi opinión).
Hay que luchar. Aunque hoy me he encontrado con el colmo de los colmos: el equipo docente que no tiene ni idea de altas capacidades tomando decisiones sobre lo que es mejor o peor para mi hijo, alucinante. El director lavándose las manos, que no piensa imponerse. El inspector, que bueno, lo que decida el equipo docente. Esta ha sido mi ocupación de esta mañana.

Veo que el hilo va teniendo éxito.

GorkaFM dijo...

Cuánto de importante es que tú Javier con tu experiencia compartas tus reflexiones en la red y que además lo hagas con licencia creative commons. Respecto al post me ha servido, se lo remití a los padres de un alumno al que he evaluado y claramente es una persona con AC.
Gracias

Ileana Medina dijo...

Muy buen análisis, gracias!

Este tema es apasionante y tiene muchas aristas.
Yo fui una niña de "altas capacidades" que me eduqué en Cuba, nunca me pusieron la etiqueta, pero sí me dieron entrenamiento personalizado en un tipo de escuelas que había allí que se llamaban primero "vocacionales" y luego "institutos de ciencias exactas". Eran unas escuelas a las que se entraba por "nota", y luego allí había entrenamientos especiales (les llamaban "alumnos de concurso") para los alumnos con altas capacidades en determinadas materias. Sin poner jamás etiquetas de altas capacidades ni de superdotación.
Esas escuelas eran una mezcla de internado suizo con cuartel del ejército, y bueno, al final ni siquiera estudié Matemáticas que era mi fuerte en esa época... Lo comento como curiosidad. Después de la caída del muro de Berlín, la educación en Cuba se hizo mucho peor y las condiciones de las escuelas hoy en día son muy lamentables.

Ahora vivo hace muchos años en España y tengo una niña de casi 5 años que parece que cumple con los criterios de "altas capacidades", pero había sentido dentro de mí que no quiero tampoco ponerle esa etiqueta. Ahora veo que tú has explicado maravillosamente bien lo que yo pensaba pero no hubiera sabido explicar tan bien.

Si el sistema educativo fuera personalizado, adaptado a cada niño, simplemente se trataría de saber tratar adecuadamente las potencialidades de cada cuál (encontrar el juguete que cada uno lleva dentro, como diría García Márquez)y no haría falta poner etiquetas de ningún tipo (ni para "arriba" ni para "abajo")... todo fluiría e iría mucho mejor.

Pero para eso hace falta bajar el ratio de alumnos por clase (y ahora lo que van a hacer es subirlo todavía más!) y formar a los maestros para ese trabajo de encontrar el diapasón en que cada alumno vibra, y tocar con él!

Saludos! Un gran y útil descubrimiento este blog.

Anónimo dijo...

Hola

A que edad os disteis cuenta que vuestro hijos tenían AC ?
Gracias

Catalina de mamatambiensabe dijo...

Dicen por ahí que las casualidades no existen... pero esta entrada llega a mis manos en un momento muy importante. Mañana vamos a revisar con la psicóloga del Cole unas pruebas de mi niño Mayor.. pero mas que las pruebas y el resultado, lo que me interesa es saber es si ¿es posible que los problemas de autoestima que le han surgido a lo largo de los dos últimos años puedan estar relacionados de alguna manera con un mal enfoque de sus capacidades intelectuales?... espero aclarar mis dudas al respecto para poder tener una guía que ayude realmente a mi hijo. Gracias...

MAG dijo...

Muy buena la entrada Javier, y muy ilustrativos los comentarios de tantos padres que viven en primera persona estas inquietudes.
Creo que puedo aportar un pequeño rayo de esperanza sobre la sensibilización de los centros educativos a este problema.
En varias universidades españolas, tanto en las Facultades de Educación, como en las de Formación del Profesorado(antiguas Escuelas de Magisterio)y también en alguna otra, se empezaron impartir, hace unos años, cursos para profesores sobre la atención educativa a las personas con alta capacidad.
Los estudiantes que se matriculan en estos cursos son cada vez más numerosos y puedo decir con conocimiento de causa que cada vez llegan con mayor formación en el tema.
Provienen de todas la etapas educativas no universitarias y de todas las áreas de conocimiento, incluidas la educación física,la música y el idioma. Se ve que hay interés entre el profesorado y que perciben la necesidad de formación para poder enfocar el trabajo con estos alumnos.
Es cierto que el porcentaje es aún muy pequeño considerando el número de maestros en ejercicio, pero no es menos cierto que un puñado de profesores interesados, motivados y con interés por promover acciones encaminadas a atender las necesidades de estos niños, ejercen un efecto multiplicador en sus centros y esta campaña de sensibilización es un primer paso para conseguir ese cambio que todos deseamos. Los primeros, los padres.

MAG dijo...

Hola Javier: ¡Qué entrada más acertada! Ha suscitado un buen número de comentarios.
Me gustaría aportar una experiencia que genere un poco de esperanza en el panorama un tanto desalentador de los centros escolares que queda patente en muchos de los comentarios.
En varias universidades españolas las Facultades de Educación y de Formación del Profesorado han introducido en sus títulos alguna asignatura sobre la atención educativa a los alumnos con altas capacidades. También en los cursos de Formación Permanente del Profesorado, este es un tema demandado.
Puedo decir, con conocimiento de causa, que los alumnos (que son profesores) de estos cursos son cada vez más numerosos y llegan con mayor formación sobre el tema.
Si bien es cierto que su número aún es pequeño en relación con el número de maestros en ejercicio, no es menos cierto que cada uno de ellos es como una piedra echada en el lago de su propio centro escolar y el efecto multiplicador de ese puñado de profesores que cada año acuden a recibir formación sobre cómo adaptar la enseñanza para conseguir una educación óptima para esos niños, es el primer paso para conseguir la sensibilización de toda la comunidad educativa hacia esta realidad.
Ellos mismos encuentran muchas limitaciones para poder poner en práctica sus proyectos: faltan recursos, personal,horario...pero el poner en común sus ideas, contrastar iniciativas, pensar conjuntamente posibilidades de acciones de enriquecimiento, etc...supone un estímulo y un reto que muchos de elos resuelven de frma muy creativa y con buenos resultados.
Como decía, aún son pocos, pero así se empieza.

Javier Tourón dijo...

Si MAG, estoy de acuerdo. De hecho en Navarra vengo impartiendo una asignatura específica desde 1996! Y cursos y conferencias... ni te cuento. Pero es comprensible que los padres se impacienten. Ellos no tienen tiempo que perder y es preciso promover un cambio urgente en toda la escuela. El futuro de un niño no puede depender del profesor que le haya tocado en suerte.
No obstante, estoy de acuerdo contigo en que hay razones para la esperanza.
Gracias por la aportación.

Marina dijo...

Hola, respondo al comentario de Alicia del 25 de mayo. Bueno, por dónde empiezo... Soy una niña de 12 años, voy a sexto de primária, y después de estar haciendo unas pruebas con una psicóloga en mi colegio, ayer en una reunión mi tutora y la psicóloga les dijeron a mis padres que soy una niña con AC.
Y, bueno, respondiendo al comentario, en mi clase todo el mundo se preocupa de ir al colegio a simplemente aprobar (hay quien ni eso), a jugar a futbol en los patios y en que se pasen pronto las horas de la mañana. De aprender tan sólo nos preocupamos un compañero mio y yo. Y respecto al aburrimiento en clase, es cierto que yo básicamente siempre me he aburrido en clase, porque o me sabía los temas o los aprendía rápido, así que me aburría. Y respecto a ser de AC, no me lo esperaba, yo soy así desde pequeña y no me imaginaba ser "especial" por decirlo de alguna manera. Yo ya sabía que un poco más inteligente que mis compañeros lo era, ya que siempre se quejan de que les corrijo al hablar, siempre escribo sin faltas de ortografía (o lo intento) en el facebook, msn, etc. y que en la mayoría de patios leo libros de unas 700 páginas, que para mí es lo normal, pero que para ellos lo normal es de 200 como máximo.
Mi conclusión, estoy contenta de saber lo que soy y conocerme mejor, y voy a seguir esforzandome para dar lo máximo de mi. Gracias por todas las entradas que me están ayudando mucho!

Maria dijo...

Dice mi hijo: "mama, mis amigos me llaman chulo por que se más cosas que ellos. Pero yo no tengo la culpa de que papa y tu me contéis tantas cosas y que pueda leer lo que me interesa en el ordenador". Eso me dijo con altas capacidades y 8 años recién cumplidos. Entonces entendí que necesitaba una explicación y traté de dársela lo más real y correcta posible.
Ahora sabe lo que tiene y sabe por qué es así. Pero no puede evitar demostrar todo lo que sabe y por eso sus amigos le siguen llamando "chulo" y "rechazándole con actos y palabras".
Cuento esto para dar un enfoque diferente a esta cuestión. Se dice en el artículo que "su hijo no es un friki por tener altas capacidades". Cierto, no lo es, pero su actitud (supongo que no en todos casos) si que nos recuerda a la de un "friki" y esto hace que sea rechazado por muchos iguales. Yo se lo he contado a mi hijo, sabe que no es un bicho raro, pero el resto de compañeros no lo saben y lo siguen tratando igual. Me encantaría poder leer un artículo tan bueno como este sobre este tema.
Los centros cada vez entienden mejor a estos niños, no los ven como enemigos, y se tienen más en cuenta sus necesidades. Pero aún falta mucho.
Ya se que las comparaciones son odiosas, pero, partamos de un niño con síndrime de down. Es una enfermedad que tiene reflejo físico y psicológico. Todos los que rodean al niño conocen este trastorno, conocen sus limitaciones y nunca se permite un mal gesto hacia ellos (algo que me parece correcto, es como debe ser). Con los niños con altas capacidades no debería de intentarse algo similar? El resto de niños no deberían de conocer sus diferencias y tratar de aceptarlos tal cual? Yo lo pregunto desde mi experiencia, ya que el centro me recomendó no hacerlo: incluir más etiquetas al niño puede resultar contraproducente. Dicen. ¿Puede ser cierto? ¿Sería sobreproteger a los niños?
Perdón por haberme alargado.

Javier Tourón dijo...

María, tu punto de vista es muy interesante y toca un aspecto de relavancia en la educación en general, y en la de los niños más capaces en particular.
La tolerancia es una gran virtud que se relaciona directamente con el respeto y la aceptación de cada uno, sea como sea. Y es que cada persona exige, es de justicia, por su propia dignidad ser respetada.
En modo alguno que un niño sea de alta capacidad y lo sepa sea ponerle una etiqueta. Si tiene un tesoro deberemos decirselo para que lo cuide, lo invierta prudentemente y lo haga producir.
Lo que ocurre es que tu hijo y los demás niños o niñas como él necesitan compañeros intelectuales que les hagan la vida más fácil y con los que compartir conocimientos, habilidades inquietudes intelectuales, etc.
Por tanto, su profesor tiene una tarea pendiente con el resto de la clase, que es enseñarles a respetar las diferencias, sean del tipo que fueren, como bien planteas..
A tu hilo, por otra parte, debes enseñarle ciertas habilidades sociales para que sepa qué decir y qué callar en sus relaciones con los demás. En ocasiones son "especialistas" en decir lo que no conviene en el momento que no toca...
En fin, en el mundo de los adultos también pasa que, a veces, las envidiejas de unos y otros nos traen malos momentos... Saber aceptar las impertinencias con una sonrisa y saber defendernos oportunamente y pacificamente es todo un arte que hay que aprender.
La educación es una tarea larga y compleja.
Gracias por tu comentario y aportación.

Maria dijo...

Gracias por tu respuesta, tan rápida y coherente. Lo que dices tiene mucho sentido. Tratar un tema desde la "generalidad" y sin especificar nombres puede resultar positivo y seguro que los mismos profesores tienen varias técnicas para que los niños centren el tema y sepan diferenciar a cada persona de las que se cite en la sesión.
Pero, no se si por que soy madre de un niño con altas capacidades o por que soy cabezota sin más, sigo creyendo que el entorno "más amplio" de ese niño (padres de otros niños, cuidadores, profesores extraescolares,...) deben conocer cualidades y limitaciones para poder intervenir en caso de necesidad. Tampoco digo que se lean manuales enteros, digo que en una pequeña intervención en la típica reunión escolar de bienvenida para padres al nuevo curso se aborde el tema.
Tal vez el objetivo de tu artículo no era centrarlo en cuanto a las relaciones sociales, pero yo creo que cualquier niño debe ser feliz en la infancia, sentirse querido y aceptado, tanto por la familia como por el resto de adultos y amigos o niños de su edad. Para eso, es importante que él se vaya conociendo (sabiendo que tiene altas capacidades, sabiendo que tiene habilidades y limitaciones, y demás) pero también que el resto le conozcan. Es decir, enseñarle al niño habilidades sociales está bien (es necesario debido a su forma de ser más arrolladora), pero el resto de niños también debe recibir esas habilidades específicas, ya que sino seguirán siendo apartados como "frikis".

Javier Tourón dijo...

Tienes razón en lo que dices María. Creo que lo que yo señalo y lo que dices tú, son cosas compatibles y piezas del mismo puzzle.
Que el entorno conozca que el niño tiene alta capacidad es bueno y necesario, como si es buen futbolista, pianista o cualquier otra cosa, pero el problema va más allá. Se trata de que las personas acepten las diferencias, lo que no es tan fácil, ni con niños ni con adultos.
Pero, en efecto, saber que una persona tiene alta capacidad explica muchas de sus conductas e intereses, pero no por ello tienen que ser considerados raros, solo diferentes.
Al mismo tiempo la conducta del niño tiene ser perfectamente normal y saber adaptarse en cada momento al entorno en el que se encuentra, para facilitar esa aceptación también.
Si a tu hijo, por decir algo, le gusta la robótica y pretende entablar una conversación con niños o adultos que no entienden nada del tema... Pues la reacción es previsible, ya que no es muy frecuentes que un niño de corta edad se interese por esos temas.
Yo vivo en un lugar sin mar, pero navego desde que tengo dientes, ¿soy raro por eso? No lo creo, pero tampoco encuentro muchos interlocutores para hablar de los problemas de estabilidad o adrizamiento de un barco de vela, o de cuestiones de navegación.
Cuando quiero hablar de eso lo hago con mis amigos marinos o expertos en el tema, no con los que juegan al frontón, que me verían como un bicho raro...no sé si me explico. Para mí los raros son ellos (es broma).
Desde luego la felicidad es el objetivo último de la educación. Me parece que lo que señalo ayuda en esta dirección.
Quizá tenga que hacer una entrada con el enfoque que sugieres.
Gracias de nuevo.

Anónimo dijo...

Es una pena que un niño/a con AC no tenga un entorno donde se le potencie de forma natural. Que sólo a base de talonario se pueda conseguir una potenciación. Los padres no somos magos que podamos sacar de la chistera una motivación. La verdad que muchas veces siento frustración de ver la capacidad de mis hijos y no saber como poder estimularlos

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