¿Estamos aprendiendo o solo delegando? El dilema de la IA en nuestras mentes
Hoy quiero reflexionar en voz alta sobre algo que nos está pasando a todos, casi sin darnos cuenta. La Inteligencia Artificial (IA) ha entrado en nuestras vidas y en nuestras aulas como un tsunami. Es fascinante, sí, pero nos pone frente a un espejo incómodo: ¿estamos usando la tecnología para ser mejores o simplemente nos hemos vuelto demasiado perezosos para pensar por nosotros mismos?
El lado brillante: La promesa de la educación personalizada
No podemos negar que la IA tiene un potencial increíble. Durante décadas, la educación ha arrastrado el «Problema de las 2 Sigma» de Bloom: la idea de que un alumno rinde muchísimo mejor con un tutor personal, algo que era imposible de pagar para todo el mundo.
Hoy, la IA parece resolver esto:
- Tutoría a gran escala: Sistemas como el «Tutor CoPilot» de Stanford permiten ofrecer apoyo experto por apenas 20 dólares al año.
- Resultados reales: Un estudio de Harvard demostró que estudiantes de física aprendieron el doble en menos tiempo usando tutores de IA en comparación con clases tradicionales.
- Inclusión: La llamada «Small AI» está permitiendo que en países con menos recursos se acceda a educación de calidad a través de simples teléfonos móviles.
La zona oscura: la «deuda cognitiva» y la pereza mental
Aquí es donde quiero que nos detengamos. El gran peligro de la IA no es que sea «mala», sino lo que nos hace por omisión. Se está hablando ya de la «deuda cognitiva»: al externalizar nuestras tareas mentales a una máquina, nuestras habilidades fundamentales se debilitan. [Te recomiendo que leas esta entrada si no lo has hecho ya y, sobre todo, el documento que incluye, recientemente publicado por Robert Sternberg].
- Atrofia cerebral documentada: investigadores del MIT Media Lab han usado escaneos cerebrales (EEG) y los resultados dan miedo: los usuarios de herramientas como ChatGPT muestran una conectividad neuronal significativamente más débil en la banda Alpha, esencial para la creatividad y la memoria (solo 42 conexiones frente a las 79 de quienes piensan por sí mismos).
- La ilusión de saber: existe un fenómeno llamado «ilusión de lo aprendido». Nos resulta familiar lo que la IA escribe, pero somos incapaces de explicarlo profundamente. Es como el GPS: nos lleva al sitio, pero si se apaga, no sabemos volver porque no hemos creado un mapa mental de la ruta.
- Amnesia inmediata: el 83% de los usuarios de IA no puede recordar el contenido de un ensayo apenas unos minutos después de haberlo generado. Si no hay esfuerzo, no hay huella en la memoria. El aprendizaje sin esfuerzo es una ilusión, no una realidad.
El peligro de la «externalización cognitiva»
Cuando dejamos que la IA haga el resumen, que encuentre la tesis de un texto o que resuelva el problema de matemáticas, estamos cometiendo un error de base: el aprendizaje no es el producto final, es el proceso de hacerlo.
- Sesgos invisibles: si delegamos el pensamiento, aceptamos los prejuicios de la máquina. Se ha visto que algoritmos de evaluación penalizan desproporcionadamente a alumnos de entornos humildes o recomiendan menos carreras STEM a mujeres basándose en datos históricos sesgados.
- Sedentarismo cognitivo: si no usamos el cerebro para analizar y decidir, perdemos nuestra autonomía intelectual. Nos convertimos en pasajeros de nuestra propia vida mental, en lugar de ser los conductores.
Una reflexión final: sé el piloto, no el pasajero
La IA ha venido para quedarse, y prohibirla es como intentar detener un tsunami con las manos, o ponerle puertas al campo. Pero la clave está en el concepto: «Human in the loop» (el humano en el bucle): la IA debe ser nuestro copiloto, pero tú nunca debes soltar el volante.
Para que no se nos oxide la mente, se podrían proponer tres reglas personales que emergen de algunos informes relevantes sobre el particular:
- Reflexiona antes de encender la pantalla: genera tus propias ideas y dudas antes de preguntar a la IA.
- Verifica y critica: no uses la IA como un oráculo, sino como un compañero de debate que a veces se equivoca (y mucho). No olvidemos que estamos preguntando a un algoritmo que ni siquiera entiende lo que nos responde, simplemente lo hace basado en su programación, probabilidades, etc. no a una persona.
- Hazlo tuyo: no copies y pegues. Reescribe, añade tu voz, tu estilo y tus vivencias personales. Eso es lo único que una máquina no puede replicar.
Decía a los alumnos hace un tiempo al comienzo de curso que el aprendizaje implica sufrimiento y el que no esté dispuesto a sufrir, no aprenderá. Al menos sufrimiento moral. Aprender, sin duda, duele un poco porque requiere esfuerzo, pero es ese esfuerzo el que nos hace humanos y capaces. No deberíamos permitir que la comodidad de un clic nos robe nuestra capacidad de pensar.
Dicho esto, me parece sensato delegar las operaciones que consumen mucho tiempo y tienen un menor valor añadido, para que puedas dedicarte a dominar lo que quieres aprender. Dejadme poner un ejemplo sencillo: hace años (muchos) utilizábamos ficheros en papel para hacer cualquier revisión bibliográfica y búsqueda de fuentes gastando horas y con la ilusión de que lo que necesitábamos estaría en el fichero. Ahora podemos hacer una búsqueda en bases de datos en segundos, sabiendo que nada de lo relevante publicado se quedará fuera de la búsqueda. El procedimiento ha cambiado, el tiempo invertido también, pero permanece la necesidad de saber discernir qué fuentes son relevantes para mí y cuáles no lo son, qué criterios debo aplicar (capacidad de discernimiento o crítica) para seleccionar unas u otras fuentes, etc. ¿Qué hago con los miles de referencias que una búsqueda me devuelve? ¿Cómo las filtro? ¿Cuáles son esenciales y fundamentadas y cuáles son prescindibles o incluso debo evitar para no contaminarme?
A mi juicio, una vez más, no se trata de plantear la pregunta incorrecta y un tanto pueril: «¿IA sí o no?»; mejor preguntémonos: «IA cuándo y para qué».
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Nota: la imagen la he creado como una infografía, a partir de una serie de fuentes seleccionadas por mí, con NotebookLM, por tanto el texto que contiene es legible y resume algunos de los aspectos tratados. La puedes descargar si te interesa.
Un reflexión necesaria y oportuna.
Saludos
Pablo Ríos.
Excelente reflexión, en la actualidad la tecnologia cada vez va creando nuevas herramientas que facilita el acceso ala información como es la IA, pero en realidad usted tiene razón, nos está perjudicando el desarrollo de nuestra creatividad y pensamientos crítico.
Saludos
Nancy
Sí, puede ser un riesgo al que hay que estar atentos.
La IA s un martillo con esteroides, si no tienes el clavo y sabes manejar la madera lo mejor que puedes conseguir es machacarte un dedo.
Los que nunca se han detenido a pensar no notarán los diferencia. Yo la uso profesionalmente como programador y personalmente como investigador histórico, en ambos casos me solucionan trabajos pesados y organizan el caos, pero en los dos casos sin mi «guía» generan muchos fantasmas y recompensas al nivel de las peticiones.
En general los usuarios no saben generar preguntas coherentes y concretas para obtener resultados de calidad, exactos, fiables y completos. En un futuro sabrán leer la mente y traducir «un programa de gestión de mi empresa» en algo que se ajuste al negocio del cliente, más cuando el cliente no sabe ni cómo funciona si almacén.