Los amigos le llamábamos Joe...

Joe Simancas y Javier Tourón, Atenas

Inexorablemente, como ocurre en los jardines, llega un momento en el que el Jardinero debe cortar las flores, cuando están en sazón, ni antes ni después, ya lo dijo con gran belleza mi "gran amiga" Andrea, a la que le robo unas pocas palabras de una entrada de su blog que escribió con ocasión del fallecimiento de su abuela, pero que son bien aplicables aquí. Sé que no se enfadará conmigo (puedes leer su entrada aquí):

"Dios ha cortado otra flor", diría el abuelo con mucha paz. Para él, todos éramos flores de un enorme jardín en el que Dios hace las veces de jardinero. Algunas se van pronto, otras no llegan a nacer y las más, adornan nuestra vida durante largos días y noches (...)".

Joe, José Luis, "el Simancas", Don José Luis... cualquiera de estas denominaciones nos lo hace recordar, de inmediato, a los que tuvimos la fortuna de trabajar y convivir con él durante tantos años: su sencillez, amabilidad y temple un tanto anglosajón, su mirada incisiva, comprensiva y acogedora. Era un hombre apacible, porque era un hombre de paz. Y era un hombre de paz porque desde muy chico, apenas un estudiante de Historia en Madrid, descubrió tras un encuentro "fortuito" con San Josemaría, que el Señor lo llamaba a abrir caminos nuevos a través de su trabajo ordinario. Era un hombre de paz, entiendo yo, porque era un hombre que tenía los pies muy en la tierra y la cabeza muy en el cielo.

Joe García Simancas y Javier Tourón, Londres


Joe era el ejemplo vivo del vir bonus, como diría D. Emilio Redondo. Bueno y coherente, vivía aquello en lo que creía. Vivía lo que creía, porque ya sabemos que el que no vive con arreglo a lo que cree, acaba creyendo como vive. Jamás hizo acepción de personas. Siempre lo vi dispuesto a ayudar y a estar al lado de los que lo necesitaban, pero con disimulo, como queriendo pasar inadvertido, con un extraordinario respeto por la libertad ajena. Se alegraba con los éxitos ajenos y sabía condolerse con los problemas de los otros. Por eso todos lo queríamos, porque él nos mostraba su cariño sin reservas.

Tuve ocasión de realizar con él varios viajes a Inglaterra y Grecia, con motivo de su trabajo en el campo de la Orientación, que son los que ilustran las fotografías. Eran viajes profesionales, pero no me resistí (como marino que soy) a "descubrirle" una de las joyas de la náutica clásica que se conserva en las riberas del Támesis: el clipper Cutty Sark, barco emblemático que se encuentra en dique seco muy cerca del Observatorio de Greenwich y es parte de los museos reales. Disfrutó, con sencillez de niño, enormemente y se preguntaba cómo había podido vivir en Londres tantos años sin saber siquiera de su existencia.

Después de Londres, -donde tuvo ocasión de visitar de nuevo el Instituto de Educación de la Universidad, ver desde la calle su antiguo flat en Rutland Court, en el barrio de Knightsbridge, y otros lugares muy conocidos para él, como Brompton Oratory,  Hyde Park y su emblemático speakers corner, el serpentine, etc.-, participamos en un encuentro de orientación en la Universidad en Cambridge. Para Joe estar en Inglaterra era revivir, nunca mejor dicho, lo ya vivido y de practicar su excelente inglés.

Aquel viaje le trajo muchos recuerdos de más de treinta años atrás, donde se formó como educador y conoció, de primera mano, el sistema educativo británico, lo que a la postre le sería de gran ayuda en las iniciativas que posteriormente emprendería o en las que participaría: el colegio Gaztelueta y el Instituto de Ciencias de la Educación de la Universidad de Navarra, pionero de los institutos de este tipo en España y cuyo modelo, años después, recogería la legislación española.

Son muchos los recuerdos que se agolpan en la memoria, pero me parece que lo mejor será que él mismo termine este post.

En una ocasión escribió un resumen de sus convicciones pedagógicas, educativas, de las que rescato resumidamente ahora 4, para terminar este breve apunte del querido Joe.  Se me antoja que es el mejor tributo a un educador convencido, aplicado a su tarea durante toda su vida (pueden verse las 10 convicciones en este enlace). Pienso que le gustaría que se le recordase como el principal impulsor y teórico del Asesoramiento Académico y Personal en la Universidad. Escribió:
  • (...) Creo que ese asesoramiento es esencialmente de naturaleza académica porque nace y se nutre de la tarea conjunta de enseñar y de aprender cooperativamente, cada cual en su papel. El primer diálogo se produce en torno a la orientación, al asesoramiento del trabajo académico del estudiante: sus posibles dificultades en el estudio de la materia de que se trate; sus aciertos encomiables que en ocasiones nos olvidamos de comentar; la forma de expresarse por escrito en los trabajos personales, sean ensayos, o trabajos monográficos, o pruebas de examen de esas que implican orden en las ideas al componer el tema, y exposición de conocimientos al argumentar razonada y razonablemente su postura personal ante cuestiones debatibles. (...).
  • (...) Y, ¿no es verdad que, hablando del trabajo académico, casi sin darnos cuenta, pasamos al aspecto personal del asesoramiento —que así se llama: académico y personal—, porque lo personal se refleja en lo académico, positiva o negativamente, y entonces se produce espontáneamente una conversación interpersonal sincera, sin medias tintas? Eso es posible si media entre profesor y estudiante la confianza, que es clave en toda relación humana: si depositan confianza entre sí, si el uno cree en el otro y se fía de él, entonces se charla sobre cuestiones íntimas relativas a comportamientos, costumbres, valores, dudas, confusiones, y a veces respecto de dimensiones tan importantes como la del sentido de la vida. (...). 
Jose Luis García Simancas y Javier Tourón en el Cutty Shark

  • (...) la valoración o evaluación de resultados. ¿Qué resultados? Es ahí donde precisamente se transparentan las convicciones que tengamos los profesores. ¿Qué pretendemos con la enseñanza de una materia? ¿Sólo la asimilación más o menos inteligente de los contenidos? ¿O que los estudiantes aprendan a aprender por su cuenta, y adquieran hábitos intelectuales, como la capacidad crítica, o de análisis y síntesis, y hábitos morales, virtudes humanas, que afectan a su ser personal, sea la que sea su posterior dedicación profesional? (...).
  • (...) Mi última convicción, entre quizá muchas otras que harían interminable su enumeración, es ésta: que es a través del trabajo, del mucho trabajo y esfuerzo de las dos partes implicadas, estudiantes y profesores, como se consigue la educación, la formación de uno mismo en su pleno sentido; la de un hombre —mujer o varón— que se sabe hijo de Dios, hecho a su imagen y semejanza, esto es, inteligente, libre, y con corazón.
Querido Joe, siempre serás una fuente de inspiración en nuestro quehacer como educadores. Descansa en paz, ¡te lo has ganado!

Nota. Otros artículos y escritos de otros colegas, con motivo de su fallecimiento, pueden encontrase en este enlace.

3 comentarios:

  1. Un maestro en el sentido mas amplio de la palabra. Uno de esos profesores que te dejan huella. Descanse en Paz

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  2. Han querido las circunstancias que me encuentre ahora, gracias a su nieta Lucia, con éste post sobre Joe. Aunque no nos conocemos, aprovecho para darle un fuerte abrazo y agradecerle estas palabras dedicadas a una de las personas que formó parte de lo que yo llamo "la trastienda de mi vida": mi tío Joe.
    Gracias

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  3. Enrique, muchas gracias. conocer a tu tio ha sido un gran activo en la vida de muchas personas. En la mía también. Fuimos amigos y colegas por años. Seguro que ahora seguira cuidando de nosotros. Un abrazo.

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