Los niños de alta capacidad necesitan una configuración curricular específica. ¿Por qué?

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Todo proceso de intervención educativa comienza por la identificación de las necesidades educativas de los sujetos que han de favorecerse de el. O, dicho en otros términos, todo proceso de identificación —de alumnos con alta capacidad académica, en el caso que nos ocupa— ha de estar encaminado a la inserción de los alumnos en programas adecuados de manera que pueda tener lugar una enseñanza enriquecida y unas experiencias de aprendizaje adecuadas (Cfr. Mills & Beaton, 1994). Así pues, identificación y programas, idealmente, se implican de manera mutua.

La identificación de alumnos con alta capacidad académica, se lleva a cabo basándose en determinados supuestos, ligados, a su vez, a las características propias de estos niños. Entre ellos podemos destacar (Cfr. Van Tassel-Baska, 1992; Brody, 1995):

a) Poseen diferencias individuales en capacidad, que hacen necesaria una adaptación de los procedimientos educativos seguidos con ellos, para responder a tales diferencias.

Este es un principio básico de la psicología del aprendizaje, que apela a la adaptación del contenido, a la adecuación del modo de enseñanza a las condiciones, y a la consideración de los puntos fuertes y débiles de los aprendices (Cfr. Robinson, 1983; Brennam, 1988).

Incluso entre los alumnos más capaces existe una gran heterogeneidad, tanto en el grado de capacidad como en el interés, la motivación y aspiraciones. Por ello, es necesario establecer planes altamente individualizados.

b) Poseen gran facilidad de manipulación de sistemas de símbolos abstractos, y rápido aprendizaje de materiales nuevos. Esto hace que sean, de ordinario, lectores precoces (entre 2 y 3 años más avanzados que sus compañeros de la misma edad). El sistema fraccional "de la parte al todo" que se sigue con los alumnos de capacidad normal no es adecuado para estos alumnos, ya que su aprendizaje suele ser de tipo holístico. Dado que son afectivamente impacientes, el repetitivo sistema "start-stop" puede provocarles frustración y aburrimiento.

c) Cuentan con un gran poder de concentración, diversidad de intereses y curiosidad intelectual, lo que tiene una repercusión en el modo de presentar el currículo, ya que la cantidad y el tiempo que son capaces de ocuparse de una tarea es sensiblemente mayor que la de los alumnos normales. Así mismo, la diversidad de contenidos es esencial para poder satisfacer sus necesidades.

d) Tienen gran capacidad para captar el significado de los conocimientos apoyada en una buena percepción de las relaciones, lo que les lleva a construir su propio conocimiento, crear nuevas ideas de un modo creativo así como a sintetizar las existentes.

e) La velocidad de aprendizaje de los alumnos con talento académico alto es tal, que difícilmente pueden acomodarse al ritmo de desarrollo del currículo normal para alumnos de sus mismas edades.

Este es un punto crucial que es preciso destacar, dado que aquí reside una de las razones principales por las que el sistema educativo tiene que flexibilizarse si quiere adaptarse a las necesidades de estos alumnos. Es muy frecuente que el profesor enseñe al "alumno medio", tratando de encontrar un equilibrio que raras veces se logra, entre los más y menos capaces.

Se olvida, con demasiada frecuencia, que el alumno medio no existe, que es una abstracción. Por ello, si no se aborda con seriedad un proceso de individualización de la enseñanza, de adecuación de ésta a las necesidades particulares de los sujetos, es poco probable que el sistema pueda tener la eficacia que debe.

Este principio de individualización, común para toda enseñanza, es particularmente importante para los alumnos más capaces. Hay que partir del hecho indiscutible de que estos alumnos necesitan una estimulación y un reto muy superiores a los que los programas escolares pueden proporcionarles actualmente, lo que —de no poner remedio— les llevará, en muchas ocasiones, al tedio y al aburrimiento, a perder interés por la escuela, a sentir una falta de reto, de motivación y estímulo por el trabajo, lo que conlleva efectos cuyo alcance a largo plazo nunca será bien conocido (Stanley y Benbow, 1986); además, es evidente que todo talento que no es adecuadamente estimulado y desarrollado a través de un sistema de enseñanza apropiado, en ritmo y profundidad, puede conducir a un débil desarrollo o pérdida del mismo.

Todas estas características y otras muchas que podrían citarse hacen que el currículo para estos alumnos deba tener unas características especiales relacionadas con 1) el contenido, 2) el proceso, 3) el ambiente de aprendizaje, e incluso 4) el producto. La modificación de estas dimensiones, no sólo beneficiará a los alumnos de alta capacidad, sino también a los alumnos de capacidad normal.

Pero el tratamiento de estos aspectos quedará para otras entradas.

2 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho este post.
    Cada uno de nosotros (padres) nos encontramos con algún tipo de resistencias en nuestro entorno educativo. En mi caso, me cuesta trabajo hacerles entender que la velocidad y el estilo de aprendizaje de mi hijo, es diferente al resto de alumnos. Hasta que los profesores no cambien el chip, mi hijo seguira aburrido y odiando el instituto.

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  2. Algunos profesores tendrán que cambiar el chip, como dices, o también pensar en jubilarse o decir que prefieren dedicarse a otros niños. Lo que no es aceptable es que no cumplan con un trabajo EDUCATIVO, es decir, centrado en el desarrollo de cada alumno.

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